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Fanzines Accitanos

Llamamos fanzine a una publicación amateur, hecha con pocos medios y que cuenta con una tirada pequeña y con una reproducción barata, generalmente por fotocopia. Los fanzines no cuentan con depósito legal y sus puntos de distribución suelen ser dentro de circuitos de la temática sobre la que versan. Por lo tanto, la búsqueda de este tipo de publicaciones es casi una odisea. La propia naturaleza subterránea de este tipo de publicaciones hace que su difusión sea mí­nima. El fanzinero edita estas revistas por su pasión sobre la temática que trata. Las principales son: literatura, cómic, música, juegos de rol, deportes, etc.
Destaca la especialización de estas publicaciones, que nunca tratarí­an sobre un tema en general como la música sino que su especialización es extrema, por ejemplo: rock ácido sesentero de la costa oeste americana.
De los fanzines destaca el ser fiel reflejo de la realidad social y cultural de donde se realizan y de no sufrir su información presiones económico-politicas como otras prensas.
Su precio esta bastante ajustado en relación con los gastos, ya que el editor altruista no pretende obtener beneficio económico con ello.
Para la confección de esta búsqueda en el subsuelo accitano hemos incluido ciertas cabeceras que por su aire juvenil o por su temática se podrí­an acercar, aunque remotamente, a este tipo de publicaciones. Así­, podemos encontrar un antecedente claro en los programas de fiestas y ferias, que incluí­an algunos textos e imágenes de interés para los jóvenes más inquietos. Entre ellos destaca claramente los programas de las fiestas de la barriada de la Estación, que en sus portadas mostraban los carteles hechos por una nueva generación de jóvenes que utilizaban lenguajes más cercanos al cómic que a la lí­nea más clásica de este tipo de publicaciones. Mención aparte merece el texto aparecido en el programa de 1979, que vení­a firmado por unos jóvenes del barrio, bajo el tí­tulo de ¡¡¡Eeehhh!!!.. Encontramos el primer documento impreso donde se utiliza un lenguaje muy del “rrollo” setentero. Claro que esta manifestación no vení­a sola, ya que existí­an toda una serie de movimientos contraculturales que se apoyaban mutuamente como teatro, música, clubs,…
En ese mismo año surge la publicación Tejea, que editó la Asociación Cultural La Solana. En sus páginas encontramos temas como el sonido San Francisco y los hippies. Además de ilustraciones de Pepe Raya nos topamos con posiblemente el primer cómic accitano editado, dibujado por Amezcua.
La corta trayectoria de la publicación, sólo editaron dos números, coincidió con el nacimiento de Wadi-as, dirigido por Piedad Alarcón, que absorbió, a parte de La Solana. Si bien Wadi-as a pesar de que se trataba desde su principio de una revista, lo cierto es que en sus orí­genes contó con un número de artí­culos, reseñas e ilustraciones cercanas a los intereses de un fanzine.
La siguiente miga de pan que encontramos es Chimenea, que en el 83 se editó por alumnos del Instituto Padre Poveda. Sus contenidos estaban compuestos principalmente por humor y artí­culos de temática general. Aunque lo que más destaca es la estética y las ilustraciones muy cuidadas. Pero el interés de esta publicación viene por ser el ensayo general de lo que vendrí­a después. Otra cosa igual estuvo también editado por alumnos de ese instituto y en ese mismo año, pero el resultado fue muy elaborado. A destacar sus contenidos en música, incluso reflejando la escena local por primera vez, con una impagable ilustración de la banda local Los Niñtos en el San Miguel viejo, que vino a ser una especie de centro social donde grupos, pintores, actores y otros enrollados se expresaban y pasaban el rato. Años después se editó El Chisco con unos contenidos más cercanos a revista de instituto que a fanzine.
El club Igzus editó años después el Hiscafachig, donde en sus tres números recorrí­an las virtudes de la movida madrileñ de la época, de los crack futbolí­sticos nacionales como Butrageño, o noticias y sucesos locales e internos del club.
Por su parte en Formación Profesional también se editó Arlequí­n, longeva publicación de un original y exquisito diseño, cercano a las revistas más underground de los setenta como los primeros números de Ajoblanco o El Viejo Topo, y de unos contenidos no menos novedosos y cuidados. Aunque no contaba con apenas ilustraciones propias, su estética y lí­nea era impecable y estaba muy definida. Sus textos versaban principalmente sobre humor y actividades internas del centro. Muchos años después se edito FP Times, con una orientación más de centro educativo.
Por su parte en el instituto Pedro Antonio de Alarcón sacaron El Charnake. Éste apenas contaba con ilustraciones y su parte visual estaba pésimamente dirigida, a no ser por una serie de cómic de El Koleguilla. En contenidos destaca algún artí­culo de la marcha local y unos pocos artí­culos de música y creación literaria.
Pero no sólo los institutos han editado publicaciones cercanas a los fanzines. También algunas asociaciones como Cruz Roja editaron algo parecido con su Duende, o la organización del festival Benarock de Benalúa que lanzaron un guerrero Fanzine Benarock.
Con ésto llegamos a los noventa, y se produce un cambio trascendental en este fenómeno. Ahora nos encontramos unos fanzines más cuidados en cuanto a textos y diseño pero lejos del nivel de dibujo e ilustración, excepto Alacrán, alcanzado por Otra cosa igual, por ejemplo. Además estos fanzines ya no están editados por centros educativos o asociaciones, ahora son personas individuales o pequeños grupos de dos o tres personas la que sacan sus criaturas a las calles.
Livertad dexpresión, editada en el 93, contó con dos números y se centraba en cómic, ilustraciones y música. Y tiene el honor de ser uno de los fanzines locales más vendidos.
En el 94 sale a la luz Akrata, de temática polí­tica anarcosindicalista, prestaba atención a la escena musical local. Destaca su periodicidad mensual, algo rarí­simo, editando seis números.
Alacrán editado desde Huéneja, fue un fanzine de un sólo número de muy alta calidad. Se nutrí­a de cómic e ilustraciones muy cuidadas, junto con algún artí­culo musical. También incluí­a entrevista a banda local.
Y el caso atí­pico de El Virus Púrpura, que nació en el 96 y mezcló música, cómic, literatura y artí­culos durante seis años, cuatro de ellos en papel, y que salto a la red cuando ya era conocido en circuitos fanzineros a nivel nacional con sus fanzines impresos.
En la actualidad no encontramos ninguna publicación, a excepción de Claves, que se acerque a este concepto de publicación joven. Mientras, la creciente introdución de las nuevas tecnologí­as, ofrece un campo abonado para la autoedición a precios de risa.
El único ejemplo de fanzine electrónico local está en Guadix Me Mata, que recopila artí­culos sobre música de la escena local accitana.

[red_box] Escrito por Mon Magán y publicado originalmente en Claves # 6 en 2004 [/red_box]

Artículo clasificado en la guía Fanzines: Manual de uso

Creativo editorial y fotógrafo. Me interesa la narratividad fotográfica y literaria. Preparando un estudio sobre fanzines.

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