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Entrevista a Federico Krampack (Planeta Z)

fedeFederico Krampack —a.k.a. Felipe Yévenes C. (Concepción, 1983)— es mucho más que la mente creativa tras el fanzine Planeta Z. Agitador cultural, comunicador audiovisual, Dj, Vj, escritor… nos muestra desde Santiago de Chile su visión sobre los fanzines, la política, el arte y la vida.

¿Cómo definirías Planeta Z y cómo surgió?

El fanzine se planteó de primeras como un trabajo anexo a una clase de Teoría y Comunicación en la carrera de Comunicación Audiovisual, cuando estaba estudiando allá por el año 2001, y terminó siendo un proyecto de mini-editorial con el correr de los años, cuando saqué el primer número a fines del 2002.

Cuando quise iniciar el fanzine, y quería bautizarle, básicamente quería hacerle honor a todo lo que significaba y sigue significando para mí, todo lo que es el cine ‘trash’ y B de los años 40, 50 y 60, y derivó en realidad porque justo en ese entonces estaba pegado con ‘PLAN 9 FROM OUTER SPACE’ de Ed Wood Jr., y mucho Cine Noir. Y de ahí todo se conjugó. Además por la estética under, como directa descendencia, y en realidad un tributo, a todos los fanzines punk donde empezó a escribir sus primeros poemas la gran Patti Smith, el aferrarse a un presupuesto modesto, el formato mismo de una revista que podrá parecer frágil en apariencia, y todo lo que significa el ‘amor al arte’ y también la devoción que significa ser invisibilizado muchas veces en tu obra que podrá resultar incomprensible o adelantada. Y sin ser menor, porque fonéticamente las letras que más me resaltaron cuando pensé en el nombre, fueron la A y la Z, y eso engloba todo lo que es el abecedario; el abarcar todos los temas adyacentes y de crítica social, ése era mi propósito.

En el campo de los temas, también todo ha valido la pena, no sólo la manipulación e influencia de los medios de masas. En cada página de PLANETA Z, pareciera haber algo heterogéneo, pero sin embargo hay un hilo conductor invisible. Esencialmente muchos de los campos de la filosofía, la sociología, el cine más denso o de autor, el arte, la literatura (los Beat, Sade, la poesía maldita, etc.), la sociedad en general, historia universal, que han sido transversales con el correr de los años y en mi propio desarrollo como creador, como autor, como DJ también, como persona.

PLANETA Z nunca ha tenido una bandera por determinado color político ni mucho menos ideológico, pero lo más cercano a una ideología creo que es el anarquismo, porque es un pensamiento que no se ensucia con nada y es puro, de todo lo que es la Tierra, la humanidad entera, comunidad. Y en la filosofía, sobretodo lo que es el existencialismo, el posestructuralismo, que tienen que ver con el destino del Hombre y la sociedad alienada, en la observación de la condición de la existencia humana, la libertad y la responsabilidad individual, las emociones, así como el significado de la vida en general y todas las paradojas que nos rodean. Y eso ha sido algo inmutable.

Escribir un fanzine, y escribir en general, ha significado un acto de resistencia intrínseco que requiere mucha valentía y dedicación, sacrificio de tiempo sobretodo en un mundo actual y prepotente que no te permite mucho silencio y abstracción, sacrificio de tu propio bienestar, y de tus propias convicciones. PLANETA Z ha sido una convicción de carácter intestinal, visceral, de propulsión, creo que es la extensión más aterrizada de mi personalidad. Escribir es querer devolver a la vida lo que no queremos que se muera. Escribir es poder gritar cuando no hay muros suficientes que puedan resistir tales chillidos. Escribir es poder destruir lo que en la vida tangible empezaremos a romper con un martillo in cresendo.

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Diez años de resistencia y papel dan para mucho. ¿Cómo ha sido la evolución del fanzine hasta este momento?

De todo un poco, y en general abrumadora, en buenos términos. En el prólogo del nuevo número (que es la edición de los 10 años, aún en proceso de edición) es donde más lo recalco, y lo recalco ahora: crear libera demonios, crear es resignificar la existencia. En 10 años de vida, este fanzine ha podido liberarse a sí mismo, escapando a la definición misma de una publicación autogestionada y libertaria, y (en voz propia), ha podido esculpir a este servidor en ser una mejor persona, más fraterna, más paciente, más enérgica, más vehemente, más infatigable, más sexual, más empoderada, más informada; pero al mismo tiempo, una persona mucho más dudosa, más rara, más antagónica, más intranquila y más irresoluta de todo. De hecho, actualmente estoy mucho más inseguro de todo que cuando recién empecé el fanzine.

Información es poder; la vacilación, la incertidumbre es humana, e ineludible. Ya no le creo a la Iglesia Católica, por ejemplo, lo que le creía cuando tenía 10 años de edad. Lo que pensaba del sexo o la política, de izquierda o derecha, a los 15 años, ahora no es ni la cuarta parte de lo que pienso y ejecuto actualmente, y así. Mi visión de mundo se va mutando cada vez más. Picabia decía que nuestra cabeza es redonda para que el pensamiento pueda cambiar de dirección, y eso en sí es una gran verdad porque estamos todo el tiempo expuestos a que nos cambien nuestro horizonte, y no me refiero a que nos cambien nuestras convicciones, sino nuestras ‘formas’ de percibir esas convicciones y las diferentes realidades que se nos plantean; el martillo sigue siendo el mismo, pero va cambiando de color, de textura, de peso, de perfume. Ser humano, en sí, es algo incierto, así como lo fue y ha sido hasta ahora todo este tiempo de PLANETA Z.

Jean-Paul Sartre dijo que el hombre se hace a sí mismo, literalmente que su ser no está predeterminado y que no se puede dejar de elegir y, por lo tanto, de estar expuesto una y otra vez a la desilusión y al ser-nada frente al mundo y ante los otros hombres. Cuando salía a vender los ejemplares de primeras a la calle, me encontraba con una cantidad de lectores heterogéneos y otros que editaban también sus trabajos; y eso es estar expuesto a una indeterminación constante, de no saber si tu obra va a quedar para la posteridad en ese lector recóndito, de naufragar en el intento, de tener mucho éxito pero sin esperar mucha gratificación económica para comprarte el pan, y así. El círculo de la paradoja, la vida finalmente.

Y eso en realidad, se ve en los mínimos ejemplos, de expansión, de recepción, no sólo en los puntos más cercanos y delimitados por una frontera de nacionalidad. En 2011, el fanzine logra exhibirse en 2 ferias y exposiciones de carácter internacional de publicaciones independientes y de autor (en Nueva York, EE.UU.; y Reykjavík, Islandia), ambas fueron organizadas por Arts & Sciences Projects, gracias a la gestión de Martin Masetto, chileno radicado en Estados Unidos que fue inmensamente generoso conmigo. Además estuve incluido en el primer fanzine de la misma entidad titulado “Wall Papers”, que tuvo su lanzamiento oficial en la legendaria librería St. Mark Bookshop. Ese tipo de cosas son las que a uno le agradan, y no porque tu trabajo se esté mostrando a vista y paciencia de miles de personas que quizás nunca más en la vida te van a leer, o que quizás nunca tú sabrás quienes fueron, o si les cambiaste un punto de vista, o les removiste alguna percepción de arte, de visión, de política, de concebir algo de forma diferente, es porque esa energía se debe transmitir, y llega lejos por algo. No es aleatorio.

Conceptos como la frustración y la libertad constitutiva nuevamente vuelven a relucir; y es que cuando se escribe un fanzine como éste hace ya 10 años, uno se topa fatalmente con una tropa de individuos que no hacen otra cosa que triturarte el intelecto, la imagen, la sensibilidad y las ganas. Y eso es precisamente por la tergiversación que se teje muchas veces; la gente que realmente no lee nada y sólo ‘ve’ cáscaras, la gente que solo tienen poses y modas chic, incluso los mismos Queer que muchos hoy en día ya forman parte de un engranaje de sistema que no pasa por una subversión del sexo sino por un asunto de mercado y portada que más encima se ve nutrida por la pornografía rectilínea y tonificada, sea homo o hétero; y qué decir del punk, que se hace mezcolanza con la moda en serie de fábrica, el gusto de beber y beber hasta quedar borrado, es una mierda totalmente desinflada, insubstancial, que uno la ve a diario y sin tasas; uno puede beber y tener ideas radicales de un momento producto de lo alucinante de la ingesta de algo excitante como un vaso de vino, esa mierda tipo Miller o Rimbaud, del ‘volón’ y los tres cuartos, pero de ahí al hecho es mucha la brecha, se trata de ser consecuente las 24 horas del día y no solamente la pura noche de la tocata o el jaleo; ese gusto por la violencia sin ningún fin pro, ni siquiera por una estética dadaísta, o un pensamiento de ruptura o de sentirse alienado por un rato de exacerbación, es sólo por desorden e infantilismo sin cerebro y lloriquear por gusto, que en nada aportan a la alimentación integral del individuo, y así podría seguir en muchos ejemplos más. Es puro veneno. Además que en un país como Chile hay magíster en querer chacrearlo y vulgarizarlo todo. Mucho se pierde. Mucho se sacrifica. Mucho se expone. Mucho se piensa, se mastica, se trabaja, se debate, se arruina. Mucho se tira al mar. Pero todo vale la pena.

Errico Malatesta, un gran teórico anarquista italiano, señala algo magnífico sobre la naturaleza del hombre que ama al hombre mismo que refleja un estado interior muy cordial y fraterno, pero al mismo tiempo tremendamente confrontacional y reacio, con lo que representa la obra del fanzine y en términos generales sobre la autoría, lo que representa una dualidad fascinante con otros pensadores distintos, por ejemplo, con alguien como Nietzsche, que es mucho más egoísta y hasta despótico en ese sentido de no abanderarse por la bondad, pero en eso nos demoraríamos en extenso. Malatesta cita que se es anarquista por un sentimiento que es la fuerza motriz de todos los verdaderos reformadores sociales y sin el cual nuestro anarquismo sería una gran mentira o un sinsentido enorme; y es el sentimiento es el amor por los hombres, es el hecho de sufrir por los sufrimientos ajenos y la humanidad. Es como un arriesgado antiindividualismo, resaltando el significado de la solidaridad, que se contrapone de forma excitante porque al final del día uno se cuida el pellejo a destajo, uno como individuo debe tomar siempre la historia por el pescuezo y asegurar su puesto en esta máquina de triturar humanos, autodefenderse hasta la muerte, hay que tomar elementos de ambos lados; Malatesta ve la defensa, la protección, la solidaridad en amplio sentido, como un concepto natural y evolutivo ligado al hombre. La emancipación individual no es posible sin la emancipación colectiva, por medio del apoyo. Es como comer sabiendo y pensando que hay mucha más gente sufriendo de hambre, y eso lo radicalizas en los actos de la vida cotidiana ayudando a cualquier persona, a tal punto que quizás dejas a la otra descolocada de tu actitud, la ayudas porque quieres, no porque te produzca pena; es lo mismo que tener pensamiento, tener almacenada una potente y lúcida información (o también jugando a los prefijos y sufijos, la ‘contra-información’ en contraste con los demás medios de comunicación o los medios escritos), y no poder tirarla al mar, sabiendo que hay demasiada ignorancia y ceguera al respecto, en todo ámbito. Por eso que en el campo minado de la política, siempre hay intereses cruzados, de interés, de los partidos que sean, porque todos quieren un pedazo de la torta con signo $$$, igual que el empresariado de la Iglesia, adiestrando todo el día a los fieles a estar con la escolarización de la aprensión al cuerpo, a la sabiduría, al placer personal, atacando siempre a la moral, ¡y con qué descaro!

Me parece bien certero señalar que si la televisión, por poner un botón de muestra más que significativo, sufriera un apagón generalizado, la muerte impregnaría cada casa del país en un estado íntegro de demencia popular llena de ruido y angustia. Su divinidad, su televisor, está muerto, Dios ha muerto, como en uno de los aforismos de Nietzsche. Y se han caído sus existencias por culpa de esa defunción. ¿Se imaginan si TVN, Canal 13 o Chilevisión, las grandes empresas televisivas de Chile, sufrieran una larga caída en el aire, por más de una semana? ¿La gente acaso no enloquecería? ¿Se pondrían a escuchar la radio, ver DVD’s, leer un libro, irse al lago, dormir, llenarían los parques, llenarían las plazas, las áreas de picnic? Lo más probable es que más de la mitad de la población se alzaría sobre el técnico en electricidad más cercano para que viese la catástrofe y remediarlo lo antes posible; sin Dios, sin televisión, sin realidad, sin recogimiento. Los que tienen la costumbre de encender el televisor cuando llegan a sus casas para que les ‘haga compañía’, resulta escalofriante cuando el término ‘compañía’ lo asociamos a la concepción cristiana de la milenaria plegaria de ‘El ángel de la guarda’ (dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día). La televisión y la religión son más que un dúo dinámico; se trata quizás de una de los matrimonios mejor concebidos en la historia de la civilización moderna en cuanto a válvulas de comunicación entre individuos. Ambos se complementan perfectamente, ambos tienen un extraordinario poder mediático, ambos son seguidos por millones de personas, y además el balazo concebido es inmediato.

En el fondo, el fanzine quiere arrancar ese velo, y creo que es lo que ha sido siempre. Emma Goldman dijo que el elemento más violento de la sociedad es la ignorancia; eso se ve más que incuestionable cuando no ves educación ni autoeducación apenas uno sale a la calle. La flojera mental es un veneno inquebrantable; si prendes el televisor, verás que no hay nada más escalofriante que contemplar toda una escolarización a gran escala de los valores más bajos de la sociedad entera; sexismo, homofobia, segregación de todo tipo, y toda la oda y culto máximo a la degradación del individuo. Lo curioso es cuando los mismos medios condenan lo que ellos han cultivado como caca; me resulta una de las grandes comedias negras de la era moderna, que en las páginas del fanzine han estado sumamente presentes, porque precisamente vivimos en una época mediática y fuertemente expuesta, y el tema de los mass-medias tiene muchísimas capas de elementos que hay que tomar en cuenta.

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¿Cómo es la escena fanzinera en Santiago? ¿Hay otros fanzines que sientas próximos a Planeta Z? Recomiéndanos otros zines sean diferentes o no del tuyo.

En Santiago, hay muchísimos, por desgracia no recuerdo tantos nombres ahora puesto que siempre hay una constante variación de publicaciones y tengo muchos que solo han tenido una edición. Una de las publicaciones que más recuerdo con cariño, por ejemplo, es el que salió de un taller literario de ‘Moda y Pueblo’, o también los de ‘Estado Vegetal’, con quienes compartí más de una vez en Santiago, en ferias literarias y okupas como de República 550 en pleno centro que ahora lamentablemente ya no existe, y tantas otras más.

Como soy y he crecido en la ciudad de Concepción, conozco de forma más visceral y cercana la movida de allá, que sin desmerecer la de Santiago (aunque claro, el motor de la descentralización es otro punto fuertemente instaurado en las páginas del fanzine), es igual de enérgica que la de la capital. Hay muchas publicaciones simpatizantes que he podido conocer afortunadamente por años; recuerdo una ocasión tremenda, allá por el 2011, en una actividad en conjunto que realizamos con Lulús Antifascistas y su fanzine “Acción Femenina” en Concepción, donde había una cantidad de trabajos impresionantes y llenos de energía, como los de 334 Fanzine, Doll House (que rescata muchísimo la estética del collage), los trabajos de Reptoidsalva, etc.

Obviamente no puedo dejar de mencionar a ‘Zobako Cómics’ que aplicándose netamente a las viñetas del cómic, su discurso crítico hacia todos los códigos y el sistema chileno es imperante y significativo y siempre lo he sentido cercano a PLANETA Z, y además porque lleva muchos años también creando; la crítica al imperio del supermercado, la empresa, la Iglesia Católica, el fascismo, la televisión, el consumismo, muchas codificaciones en común; es una de las publicaciones satíricas que más admiro personalmente, y no necesariamente porque sea de Concepción, sino porque refleja un inconsciente colectivo revelador, desde un formato tan accesible como lo es el cómic.

Háblanos de tu faceta como Dj, Vj y agitador cultural. ¿Cómo es la escena cultural alternativa en Santiago?

Me resulta absurdo no hablar de ese campo, desde la caseta de un DJ que se ha criado desde siempre en un ambiente under, sin desligarlo del fanzine, tiene un potente cordón umbilical. Por un asunto primordial: es porque los contextos y los diálogos que se forjan son muy semejantes, y es que en las fiestas dark, punk y new wave es quizás donde hay más gente adherente a las ideas de PLANETA Z. Yo empecé haciéndolo porque estaba intrigado, aparte que me considero una persona terriblemente nocturna, me gusta la tranquilidad y sigilo que produce la noche, para comunicarse con terceras personas y escribir, y además tenía un bagaje musical que quería solo tirarlo, y de inmediato tuve conexión con la gente. Además siempre he tenido una relación muy cordial y de respeto hasta la vena con los punks antifascistas un poco mayores que yo, me los pillaba siempre en el ambiente, y que de hecho algunos ejercieron de guardias en mis primeras fiestas y hasta el día de hoy me los sigo topando en diferentes contextos; familiaridad, hermandad mínima, las cosas básicas, a lo que me he referido en lo que he apuntado anteriormente.

Y de música, jamás he sido hermético; condeno ser puritano en ese sentido. Me gusta de todo, menos la pachanga. Desde los clásicos de la Madonna más guarra, Bowie, Nirvana, Nine Inch Nails, los dark, Bauhaus, Iggy Pop, The Cure, el garage, el romanticismo de los Smiths, los Prisioneros, el punk inglés o español, el rock industrial, el kitsch, etcétera, etcétera, se vinculan mucho con todo el espíritu que encierra PLANETA Z, porque muchos de esos estilos musicales corresponden a la contraparte del mainstream; claro, uno puede decir pero el pop, la new wave, son parte de la industria, pero en el fondo a todos nos gusta. Es música, es un imperio de sentidos y hay que succionarlo como savia. Sacaré nuevamente al bigotón Nietzsche a la palestra, con una de sus frases más conocidas donde señala que la vida sin música, es un error garrafal. Lo mío es el punk rock, la new wave y la clásica sin dudas, sobretodo las óperas.

En Santiago, claro, hay de todo, porque es la metrópoli, pero me resulta muy poco solidario hablar solamente de la capital, que siempre pasan cosas y hay movida, recitales, encuentros literarios, musicales, etcétera, pero en las regiones se pelea y lucha más porque no existen tanto los recursos ni instancias para ejecutarlas como en Santiago, y eso me merece mucho más mérito y respeto. Y además lo he vivido en carne propia. Se forma un prototipo muy ridículo y condenable de quienes no son de la capital, y por ejemplo, los que son de Concepción o del Sur de Chile, todos piensan que vivimos a la deriva o que somos pueblerinos que nos tratan despectivamente. Una vez alguien me preguntó que si en Concepción ‘habían micros’ (o autobuses), aludiendo a que como yo era del Sur, y quizás siempre han pensado que es puro campo. Lo mismo con el fanzine; pensaban que era una ‘revistita’ simple de fotocopias de puro collage y que tenían comentarios de las bandas locales como muchos de los zines en Santiago y solo eso; después leyéndolo, se encuentran con que era un grano de arena y algo muy distinto a lo que tenían mentalizado. Puro prejuicio.

Cuando recién salió el fanzine, solo lo conocían mis amigos, y el círculo más cercano de las fiestas llámese alternativas, que la misma categorización hasta resulta bien divertida. Y económicamente, claro, tampoco era tan sustentable, por lo escaso y barato que era. Los punks, los chicos gays y lesbianas que se juntaban en grupos para salir tranquilos sin temor a represalias, los chicos góticos, algunos más BDSM, con la estética del remache, el arete de cruz, las blondas, todo un microcosmos entrañable, lo leían, pero aún estaba todo muy hermético aún. Cuando ya salió más al público general, y me empezaron a realizar notas en diarios, Internet, prensa, radio, televisión regional, cartas, etc., ahí es cuando el cuento se torna interesante. Cuando se te acerca un profesor ya en sus cincuenta primaveras, y te dice que el fanzine ha sido una de las mejores cosas que ha leído en mucho tiempo, es porque presumo que algo se ha hecho bien. Ha cruzado una barrera no solo estética, de prejuicio de que sea una revista de fotocopias y no en papel couché, sino también la barrera etárea, generacional.

A la larga es un asunto de tiempo, paciencia, la paciencia está muy subvalorada dicho sea de paso, y sobretodo perseverancia, y con el discurso fiel al antifascismo, que es lo que impregna todo el fanzine; siempre hay que tener el espíritu claro cuando alguien se sumerge en un arte determinado, tu línea de pensamiento, tu línea de acción-reacción.

Nadie puede decir con todas sus letras que tiene un fanzine ya de hace una década y seguir en un surco elegido, que se pelea todos los días, hasta el exceso, hasta el cansancio. Cuando me dieron el Primer Premio de Poesía Bicentenario el 2010, yo tenía 26 cuando escribí ese poema que tiré a concurso, pensaban que quizás era un loco terriblemente desprolijo que venía de región, y se encontraron con una cosa tenue, tranquila, formal, de camisa negra y que cuando leyó el discurso de agradecimiento en frente de la Ministra de Educación en la sala de la Biblioteca Nacional, todos quedaron medios enclenques cuando pronuncié palabras como “cacha” o “marica”, además que el poema que había escrito era súper antinacionalista y anticlerical, por eso estaba terriblemente sorprendido por mi lado; no sabía si realmente lo habían entendido o de verdad me premiaron por esa arenga de ‘remover’ esa noción de país, esa noción de contexto. Desmitificar y deconstruir son asuntos esenciales para mí y todo lo que significa crear. No se trata meramente de andar encrespado. No se trata de puro color con la cresta de gallina en la cabeza o de tener la botella tibia en la mano eternamente con una pose media ‘Taxi Driver’ o un degradado Sid Vicious. No se trata específicamente de andar con una piedra en el bolsillo en vez de marchar armado con más lenguaje, más léxico, más perfeccionamiento, o de andar cacareando siempre desde un púlpito de pseudocrítico sociocultural desde una red social, que está bien claro si es libertad de expresión, pero de ahí a solo teclear en la comodidad de tu casa o el cyber, y no manifestarse con algo empírico, hay una tremenda diferencia. Se trata de ser un individuo más activo y consecuente, social e intelectualmente desde cualquier prisma.

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¿Cómo defines tu producción escrita? ¿Cuáles son tus referentes culturales en todo lo que creas?

Esta es como la parte donde debería rematar todo… Pero en realidad, no requiere mucho esfuerzo. A los 9 años, vivía haciendo historietas, monstruos y aparte hacía pequeños libros de medicina, dibujaba yo mismo los virus del VIH/SIDA, el cólera, la fiebre tifoidea, escribía todo lo referente a las enfermedades infectocontagiosas y los males sociales que me dejaban con la cabeza infestada de preguntas; pienso que toda esa pequeña escuela de autoeducación, de temas tan radicalmente distintos como la biología, el cine o el cómic, me ayudó de sobremanera en la vida más de adulto. Me iba al colegio y en los recreos, me vivía nutriendo por mi lado anexo; odiaba las matemáticas y el fútbol por ejemplo, consideraba y sigo considerando que estaban exacerbadamente sobrevalorados y que siempre tenían ese aire a exitismo y machismo deliberado a lo que supuestamente uno debía llegar. Escuchaba a los Smashing Pumpkins y me leía los cuentos de Sade, no quería nada con lo que mis otros compañeros engullían como zombies, a pesar de toda la presión alrededor.

La información es incontrolable, es un flujo permanente. Por eso uno se vuelve drogodependiente de ese saber. Siempre estar pendiente. Lo que te muestra la televisión o la prensa es una molécula. Por eso que en la actualidad, las redes sociales de organizaciones sociales, escuelas de filosofía, o los medios o terceras personas que tildan muchos de ‘contra-informativos’ o que son del underground y que no están necesariamente en el kiosco de la esquina donde te tapizan de nacionalismo y el mercado del sexo dirigido sobretodo a la población hétero; los folletos, los fanzines, los libros de autor autogestionados, todo ese material es peligroso, porque tienen el poder de derrocar algo tan sacro y divinizado que la masa ciudadana no puede creerlo, y se ve confrontada por primera vez con la duda, la ambigüedad que quizás qué diablos te va a mostrar, pero es eso lo que muchos en Chile colorean de tonos diabólicos de inmediato: el conocimiento. Como en el siglo pasado, cuando les decían a las mujeres que si se educaban, terminarían como acólitas del Diablo. La Tierra era plana, pues no.

Yo he escrito narrativa desde los 14 años sin parar. Todo esto dinamitado por la muerte de un familiar cercano que dejó en paro todo lo que sabía de la existencia hasta ese instante. Vi cosas que nunca había visto, empecé a sufrir otras, empecé a redescubrir las preguntas que uno, y que todos los seres humanos, tenemos incubadas, los porqués, los cuándo, los cómo.
Cuando empecé a escribir PLANETA Z, me dije a mí mismo: ‘No quiero que esto se pierda, esto no es para mentes ni bocas cerradas, quiero que le penetren por todos lados, quiero que vomiten encima, quiero que se pasen el fanzine por el ano hasta para limpiarse, quiero que se lo coman a la hora del desayuno, que hasta un huevo frito le tiren encima, quiero que lo digieran, quiero que lo lleven al trabajo, quiero que lo lleven en la mochila todo el día para que termine en una orgía en el departamento, quiero que recen con él, quiero que canten con él, quiero que subrayen lo que más les gusta, lo que más les inspira o aquello de lo que no tenían mucho bagaje, quiero que ojalá se lo pasen de mano en mano hasta que quede impregnado de restos de jabón, de mocos, de pasta de dientes, de salsa de tomates, de semen, de sangre, de lápices de colores, de salivas entrecruzadas, y de personas ávidas por leer algo’. Un libro, un fanzine, sin ultrajar, sin seducir, sin excitar, sin revolucionar, sin arder, sin alquitrán, sin proteína poética, sin luz, sin oscuridad, sin esas migajas y cicatrices de vida patente, palmaria, no es más que un vozarrón perdido. Y mucha fotocopia lanzada a la pocilga. No quería que eso pasara.

Escribir salva la vida, me ha salvado la mía, y aún lo sigue haciendo. De qué forma, cómo, de verdad que no tengo idea. Sólo se forja misteriosamente cuando uno empieza a anotar en los blocks, en un papel arrugado en la mochila, en el teclado, y el resto es historia. Si tuviese que definir mi estilo, sinceramente no sabría meterlo en un solo costal, puesto que hay un peligro de categorización que se hace irresistible. La mixtura, el ruido y el silencio es lo mío, un collage gigante. De hecho un artista dadaísta lo señala como una explotación y explosión entre realidades ajenas entre sí y de ahí, sacar chispas de poesía, desde esa superficie que se provoca entre esos elementos aparentemente inconexos.

Desde el Marqués de Sade hasta la Violeta Parra, de los Sex Pistols hasta Jean Cocteau, Platón, David Bowie, Bukowski, Chopin, Lou Reed, Pier Paolo Pasolini, Federico Fellini, Duchamp, Man Ray, Höch, en general todo el arte que se ha encargado de ‘alterar’ algo en determinados períodos de la historia universal; una percepción a nivel político, sonoro, la percepción del erotismo, la realidad, la fotografía, el concepto de sociedad, el concepto de amor, el concepto de sexo, el concepto de respeto, el concepto de lucha, el concepto de emoción, el concepto de arte, el contexto en los que vivieron, creo que han sido las fuentes más cercanas de las cuales me he nutrido en lo íntimo.

Lo dijo también Luchino Visconti, (uno de mis directores de cine favoritos), que decía que el arte es una forma de hacer política. Empecé a los 9 años de edad, ahora cumplí recientemente 30, y siento que he hecho la nada. PLANETA Z ha sido todo eso; ha sido política, soneto, estado alterado, estado zen, duda, pelea, eterna pesquisa, un bebé chillando, un anciano haciendo el amor, arte, rojo, negro, punk, ópera sufriente, secreción, dolor, goce carnal, sexual y subsistencia en todas las capas del ser humano, entre diversas superficies, desde la experiencia cotidiana, desde la calle, desde la erudición, desde la imaginación, que no tiene límites. Ha formado 10 años de mi vida, y aún le agradezco que haya aparecido en el momento justo. Sólo espero que el día de su muerte, o la mía, sea empírica o no, no me pille volando bajo. Y voy a estar sumamente atento. Estoy recién empezando.

Negritas y cursivas del entrevistado.
Para saber más: federicokrampack.tumblr.com

Artículo clasificado en la guía Fanzines: Manual de uso

Creativo editorial y fotógrafo. Me interesa la narratividad fotográfica y literaria. Preparando un estudio sobre fanzines.

Comments

  • 25 Marzo 2013

    Pascale Rifo

    no me canso de leerte, no me canso de bailarte, no me canso de sonreírte, no me canso.

  • 25 Marzo 2013

    Santi

    Nada más que aplaudir y felicitar a un agran amigo, escritor, di, vj y persona.

  • 26 Marzo 2013

    Eduardo N.

    ¡¡¡¡¡¡¡ el mejor dj y autor ground de konce !! cariños y abrazos miles federico weón. se extrañan mucho tus sesiones (además )

  • 9 Abril 2013

    Andrea

    Siempre un torrente de informaciones… de diálogos, de construcciones y deconstrucciones cruzadas. Besos y abrazos, y suerte siempre. Mente que te hace click al toque, la lucidez que nunca estará demás en este mundo tan ciego.