Teorí­a de la baja exposición


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Lo bueno de vivir a un costado de la realidad es que puedes hacer pequeñas incursiones periódicas y controladas, bañarte en los rí­os comunes con todas esas viejas gentes conocidas de otras batallas, eliminando, por el mismo precio, el cansino roce de la cotidianidad. Recoger los más bellos frutos en forma de predisposiciones y acicalamientos diversos de las gentes ahora brillantes al ser contempladas tras este mágico prisma, aderezado si es posible con alguna salsa exótica en forma de festividad o asueto. Gentes controlando sus bilis mediante sonrisas tatuadas, preparadas para durar las horas necesarias y previamente programadas, para al más mí­nimo atisbo de cansancio, encaminarse al refugio del buen recuerdo y del mejor descanso.