
En plena era digital, y teniendo en cuenta mi obsesión en estos temas, ando volcado en la digitalización de cds, la clasificación y el etiquetado del material sonoro en enormes archivos informáticos. Todo ello no quita encanto y sorpresa al regalo con el que me ha sorprendido J, un flamante giradiscos portátil. Como me conoce no tardó en decirme que tiene conexión usb para el digitalizado de esos viejos vinilos que andan por casa y que no tenemos donde reproducirlos desde hace décadas.
Yo, que en el fondo tengo un toque nostálgico bastante pronunciado, ando dándoles vueltas y vueltas a los pocos que he encontrado, hipnotizado por el mágico vaivén, mientras intento recordar donde guardaba más vinilos en casa de mis padres. Y a la espera de escaparme en cuanto pueda a por ellos, hoy me he lanzado a las calles a comprar discos bizarros de segunda mano.

Escuchando esos viejos discos en el iPod,
hasta camino por la calle como un rock ‘n’ roll star
Te lo digo con otra voz.
No me da el tiempo para todo.
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Si no lo hubiera hecho ya, ahora pondría en este blog esas tremendas frases encontradas en una canción de Standstill (tampoco es fortuito que fuera allí).
Nada describiría mejor lo que siento después de un día tan difícil como hoy.

Atravesar media Sevilla hasta lograr encontrar el camino recto. Ruta de la Plata en sus recorridos andaluz y extremeño. Pueblos con parada y comida casera. Carretera solitaria y muchos kilómetros. ¿No hay nadie más en el mundo? Al fin Mérida, impone ver sus recuerdos en propia persona, después de verlos tantas veces a través de otros ojos. Muchos romanos sin cabeza y muchas cabezas romanas sin cuerpo, como en un juego macabro de halloween. Emerita Augusta y sus impresionantes teatro y anfiteatro, tan emocionantes como simplemente pisar una calzada romana. Licor de bellota, camas imposibles. Avanzamos en el espacio y el tiempo y llegamos a Cáceres en plena Edad Media. Recorrer sus calles y olvidarte de casi todo. Degustar sus ibéricos, corderos y algún otro plato que prefiero olvidar por su indigesta venganza. Aguas y caldos reparadores. Cuerpos maltrechos. De nuevo carretera, nuevas paradas y alguna equivocación. Una vez más el sol va cayendo pero esta vez ya estamos de regreso al presente.

Con la peregrina excusa que Martin Cooper, el inventor del móvil, recibió ayer el Premio Príncipe de Asturias, hago repaso mental de los móviles que he tenido y tras buscar incansablemente en cajas y recovecos los presento aquí:
1. Alcatel One Touch View: Un ladrillo de 160 gr. que era incapaz de acceder a la agenda desde el menú de enviar un mensaje, fue mi primer móvil. Era el año 99 y fue un regalazo. El descubrir los móviles y la libertad que te proporcionaban.
2. Maxon Elephant: Mi siguiente móvil pesaba 110 gr. y lo compré en 2001. Que tenga algunas teclas borradas es un buen ejemplo del abuso de SMS de la época. Recuerdo que lo apuré hasta que la batería no daba más de si, y se apagaba nada mas empezar a sonar por una llamada entrante.
3. Siemens C45: En 2002 llevaba sus 100 gr. cómodamente en el bolsillo. Aunque me constó acostumbrarse a sus teclado fue uno de los móviles que sin despertar pasiones, mejor sabor de boca me dejó de su uso día a día.
4. Motorola C385: Con mi primer contrato telefónico me “regalaron” este móvil, que pesaba 90 gr. Era 2004 y su pantalla a color me llamaba mucho la atención, después no podía comprender su falta de conexiones. Y es que me empezaba a interesar la interconectividad de los dispositivos.
5. Sony Ericsson K510i: Mi primer móvil en conseguir sincronizar con el ordenador en cuanto a contactos y tareas. 80 gr. en aquel 2005. Cumpliendo honor a su gran devilidad lo dejé de usar por problemas en el joystick.
6. Nokia N78: Lo más que nunca he pagado por un móvil fue por este, y es que al iPhone le veo muchos peros. Demasiadas expectativas y solo algunas cumplidas. Año 2008 y 100 gr. de peso. Sincroniza contactos, tareas, calendarios, fotos, audios y aunque parezca mentira su no teclado es cómodo de usar, aunque el joystick, aun hoy, me sigue castigando de vez en cuando con falsos positivos.

Subtes a 9 de julio. Quilmes de tres cuartos y bife de chorizo. Colectivo interminable a Boca. San Telmo stencilado. Un semáforo grita: pare y ahora siga. Charly en los carteles. Iglesias que parecen templos romanos. Recorrer a toda velocidad capital en taxis kamikazes amparados en la noche. Belgrano es el hogar. Personal te da la bienvenida. Porteros automáticos vs. el juego de los barquitos. Un folio pegado en una farola: Karen te amo. Bosque de Palermo. Miles de gatos y hasta un medio Guille. Subte de madera. Corrientes es el paraiso: bares, teatros y libros de segunda. Modernos y rollo ochentero en las tripas de mágicas galerías. Un café aguado con la mejor factura (antes de pagar). Canales del Tigre. Aguas coloridas. Vuelos. Cataratas mágicas, belleza salvaje. No estaría mal acabar aquí. Dulce de leche en movimiento. Frontera de Brasil en bucle sin fin. Piedras preciosas y alguna amistad pasajera. Frío y Calafate. Perros callejeros. Guanacas y tehuelches. Moles majestuosas. Blanco glacial es igual a azul. Cordero y trucha patagónica. Trapiche. Crujidos. Charla con artesanos de la lenga. Pinturas rupestres. Estómago K.O. Cruzando el Río de la plata en barco. Decadente Colonia de Sacromonte. Jazz y carne. Montevideo, nuestra ciudad. Vuelta a Buenos Aires. Cuidado con los vehículos. Chao.
Soy un geek y sólo tengo tres correos ¿que te hace pensar que tienes que enviarme los mails a más de uno para que los vea?
Si tengo que hacer veinte cosas en tres días estoy jodido… y debo estarlo… o todo lo menos estar cerca de estarlo. Lo único que sé, es que me gustaría poder estar en lo que me gustaría estar, y poco más. Pero lamentablemente tengo que hacer veinte cosas en tres días… estoy jodido.
Demostrado, los fanzines, los vinilos y hasta los dvds se derriten en verano. Nada resiste a una terracita al caer el sol.








