número nueve | abril 2001 | papel 3/5 AnteriorPortadaSiguiente
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Un día raro
por Juan Carmona Ficha autor

el retorno del capitán república

Lo vi fugazmente en el concierto de Reincidentes, el viernes, allá en la fiesta del PCA. ¡Dioses!, era la imagen del poder de la libertad; era el Capitán. -¡Tenéis que jurar la bandera de la República!- les aconsejaba a los saltarines. Algunos besaban la bandera, y hasta se peleaban entre ellos por ser el primero en tenerla en su boca. -¡Viva Rute!- Danos tu bendición, Capitán -le imploraba a gritos alguno que brincaba y brincaba. También yo daba cabriolas, pateaba y saltaba, ahora al norte ahora al suelo; besa el barro, toca el cielo. Tenía ante mí al Capitán República, enfundado en su bandera. ¡El poder para el pueblo! La terrible franja morada, la franja por la que murió mi abuelo... ¡Y esos fachas malamadres no habían pagado! Tenían que pagar, tenían que pagar. El brillo de la venganza cobró vida en mi mirada. Una vez besé la bandera, me retire de la presencia del Capitán República y caminé hacía las tinieblas; éste me había hecho ver la luz, ahora tenía una misión. -La raíz cuadrada de 121 es 11 -le dije a una pava que tenía a mi lado, la cual me respondió con un "pervertido" y un bofetón; impacto cual desequilibró mi metabolismo y me hizo vomitar cual niña que se echa su primer caracol a la boca. Esos putos fachas tenían que pagar. Salí del recinto, crucé entre la lluvia que caía sobre el Arenal, embarrado todo mi ser tras repetidos tropiezos y caídas sobre grumos y diferentes mezclas de potas y tierra amarilla. Estaba ante mi coche, pero no encontraba las llaves. -Mierda -dije, y lancé una piedra contra la ventanilla delantera derecha. Me corté, torpe y bebido de mí. -Ja, ja -reía, porque ahora creía que yo era el Capitán-. ¡Os mataré a todos! -Y le hice un puente a mi propio coche. Ahora estaba en Ciudad Jardín; como todos los comunistas y anarkos los suponía en la fiesta del PCA, era deducción de mi mente drogada que no encontraría en los baretos de la zona sino fachas buscamierdas. Entonces lo vi, un PASSAT CO-AV con una bandera fascista en la trasera, y una sombra abriendo la puerta del conductor. Me lancé contra él, navaja en mano. -¡Toma cabrón! ¡vas a pagar, vas a pagar!- Sus tripas volaban por los aires, al ritmo de las cuchilladas. Melodías de Strauss en mi cabeza me llamaban a la irrealidad y aunque me enredaba en sus intestinos y me bañaba en su mierda cuasidigerida era feliz. -¡ Muere, cerdo! ¡muere! ¡Tú mataste a mi abuelo! ¡Puta escoria de mierda de...- Entonces paré. Le miré la cara: -¡Pero si es un moro!- Me encuentro ahora en mi celda, pero no en la de mi tierra natal, sino en la de Barcelona. ¡Y estoy en el ala de los cabrones nazis, y los muy cerdos me protegen!

Manuel Manzano Maolin Ficha autor

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