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Varias
campanas tubulares en fila india, Mike Oldfield frente
a ellas y de repente el entusiasmo del público cuando
empieza a hacerlas sonar. Eran las diez y media y la noche
ya permitía proyectar los
espectaculares
juegos de luces. No sonaban ya las melodías célticas de
los gallegos 'Luar na lubre' (¿qué debe sentirse cuando
tocas a plena luz del día ante un público que llena una
plaza de toros, que te aplaude y se lo pasa bien, pero
que en realidad las pelas de la entrada las ha pagado
por ver al que va a venir después de ti?), bastante más
comunicativos que la estrella, que dejó bien claro que
sus estancias en Ibiza no las ha aprovechado para aprender
español.
Aunque
empezó con 2 temas de 'Songs of Distant Earth', el disco
dedicado a la novela de ciencia-ficción de Arthur C. Clarke,
a lo que dedicó más minutos fue a sus dos discos más recientes,
'Tubular Bells III' y 'Guitars', haciendo sonar con una
facilidad apabullante las 6 guitarras que tenía a su disposición
(supongo que cada una costaría varias veces el salario
mínimo interprofesional). Pero era al llegar los temas
cantados cuando la distancia entre público y escenario
se hacía mucho menor, que para eso se había traído Oldfield,
frío y reservado inglés, a su vocalista negra que, si
en 'Shadow on the Wall' consiguió entusiasmar, en los
dos bises que cerraron el concierto, 'Moonlight Shadow'
y 'Family Man', ya se llevó de calle a todo el público.
(Cuántas gafas y cuántas calvas incipientes y no incipientes
había entre los asistentes, más que en cualquier concierto
de, por ejemplo, 'Mojinos Escozíos')
Así
que se puede decir que Mike Oldfield cumplió con la brillantez
de él esperada su compromiso con el público de la plaza
de toros cubierta de Leganés. ¿No se siente extraño un
inglés tocando en una plaza de toros oyendo a sus pies
a unos cuantos diciéndole 'torero, torero'?
Paco
Fernández 
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