número ocho | diciembre 2000 | web 36/36 AnteriorPortadaSiguiente

edito

   
 

Ya está aquí la nueva entrega virulenta en el basurero de la indiferencia. En la indiferencia de lo que no existe. De todo lo proscrito. De lo que se sitúa más allá de "lo real", lejos de lo que "existe".

En un mundo donde todo queda trazado por cincuenta patrones, liderados por el mismo número de canales en plataformas televisivas, creando la sensación de que más allá de "tan variada" oferta no existe sino la nada. La nada más absoluta, la misma que delimita su extensión con las normas socialmente aceptadas, indiscutibles, pero socialmente aceptadas, que pueden funcionar o no, pero que han sido socialmente aceptadas. Las normas del juego que no lo olvidemos están socialmente aceptadas, lo cual debe ser siempre indiscutible: socialmente aceptadas.

Desde el fango de los socialmente inaceptados mandamos una nueva muestra epistolar que no quiere sino decir cosas, que pueden, o no, estar en un lado u otro de la línea.

Nuestro especial cómic, número siete, que debía estar listo para el salón del cómic de Granada, no lo ha estado ni para el de Barcelona. He aquí una nueva metedura de pata de este medio, a sumar a la larga lista.

Espárragos que por falta de riego arrancan sus raíces y se trasladan unos cientos de kilómetros, nos recuerdan que las apariencias de: por amor al arte, son sólo eso: apariencias. Apariencias que la gente percibía, que sentía cosas como cercanas a sí, que eran como propias.

No podemos pretender que todo el mundo se conforme con sellos de correo como nosotros. El evento en cuestión cuesta mucho y no olvidemos que son muy libres de decidir su política de marketing. Tal vez la gente tiene que aprender cuando debe sentir algo como propio y cuando tener sólo simpatía. La cuestión de siempre ¿me tiro a la piscina?

Desde la editorial de otra publicación, han lanzado una reflexión de la que queremos hacernos eco. Se preguntaban si las publicaciones gratuitas son competencia desleal a estas otras que son de pago. Nosotros no lo sabemos, aunque sospechamos que no. Hay gente para todo, hasta para pagar por fotocopias. Lo que atestiguo yo, como editor, es que hacer un fanzine "de pago", no es exactamente moverse al son de D. Dinero. Tampoco es una forma de vida, más bien sería un vicio de vida, o una vida viciada. Pero nada más.

Que aquí hay sitio para todos, se cobre a los lectores o a los anunciantes, o a ninguno.

 

Mon Magan Ficha autor
Editor púrpura

   

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