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MEMORIAS
OCULTAS
Introducción:
Hola
lectores/as quiero dirigirme a ustedes para invitarles
a dar un pequeño paseo por la historia más y menos reciente
que nos presenta el mundo de lo oculto, trágico y cuando
menos sorprendente. Como colaborador de este libreto he
recogido una serie de historias donde a lo largo de próximos
números verán la cara más oscura de lo que nos rodea.
En éste se presenta una historia de la nobleza francesa
que nos muestra quizá el sentido más denso, siniestro
y tenebroso del señorío de la época.
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AYUDADO
POR SUS CÓMPLICES
Giles
de Sillé, filipo y Ector, hizo entrar en su castillo algunos
niños mendigos que frente al puente levadizo pedían limosna.
Después de tranquilizarlos, después de acariciarlos, mientras
sus acólitos seguían sentados en los sillones alrededor
de la chimenea, Giles empezó a beber aún más que de costumbre,
a bailar y a cantar. En el suelo trazó algunos signos
solamente conocidos por él, luego evocó las fuerzas elementales
por sus nombres hebreos, con un gesto llamó a filipo y
le ordenó que condujera a todos los niños a la otra sala,
con excepción con uno de once años. Luego se acercó al
niño y lo llevó al gran lecho que ocupaba el fondo de
la sala.
Después
de algunas caricias tomó una daga que colgaba de su cintura
y voluptuosamente y riendo a carcajadas cortó la vena
del cuelllo del desdichado. Frente a la sangre que brotaba,
frente al pequeño cuerpo que se convulsionaba, Giles se
puso como loco. Arrancó las vestimentas del moribundo ;
luego tomó su propia verga y la frotó y la apoyó en el
vientre del niño, que Ector y filipo sostenían con facilidad
porque estaba muy débil y sin conocimiento. Cuando por
fin saltó el esperma el varón de Rais tuvo un nuevo acceso
de rabia : le pidió a uno de sus cómplices una gran
espada a la que llamaba su "braquemard" (machete),
y de un golpe corto la cabeza de su víctima. La sangre
se mezcló con las deyecciones y las pulaciones. Gilles
de Rais , mariscal de Francia, estaba en pleno éxtasis.
Sobre el cuerpo extendido decapitado, una vez más se entregó
a su obsesión erótica. Introdujo su sexo entre las piernas
rígidas del supliciado, gritó, lloro, y luego en otro
orgasmo se derrumbó sobre su víctima a la que no quería
abandonar cubriéndola de besos y lamiendo su sangre. Luego
ordenó que quemaran el cuerpo en la chimenea pero que
conservara la cabeza hasta el día siguiente. Y en ese
mismo suelo , desnudo y manchado, se quedó dormido. A
la mañana siguiente pudo darse cuenta de que las grandes
lajas blancas y negras de la sala estaban limpias. No
quedaba en ellas ninguna huella de sus infernales desenfrenos.
Cuando apareció filipo, le pidió que trajeran la cabeza
del supliciado. Ante esta que encontró una belleza divina,
se arrodillo bañado en lagrimas y prometió enmendarse.
Luego, como galbanizado por esa carne reposada y lívida
acercó sus labios a la cabeza, la besó largamente y se
fue a su cama llevándosela consigo. Se hundió con ella
acariciando ese resto humano que era incapaz de abandonar.
Por fin filipo logró recuperar la cabeza y preguntó que
debía hacer con ella. Por toda respuesta Giles le anunció
que muy pronto se reuniría con otras cabezas tanto o más
bellas. Esa noche recomendó una orgía aún más espantosa.
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