número ocho | diciembre 2000 | web 29/36 AnteriorPortadaSiguiente

AYUDADO POR SUS CÓMPLICES

   
 

"Martirio de San Jorge" de Marzal de Sax

MEMORIAS OCULTAS

Introducción:

Hola lectores/as quiero dirigirme a ustedes para invitarles a dar un pequeño paseo por la historia más y menos reciente que nos presenta el mundo de lo oculto, trágico y cuando menos sorprendente. Como colaborador de este libreto he recogido una serie de historias donde a lo largo de próximos números verán la cara más oscura de lo que nos rodea. En éste se presenta una historia de la nobleza francesa que nos muestra quizá el sentido más denso, siniestro y tenebroso del señorío de la época.

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Biblia de San Pedro de Roda

AYUDADO POR SUS CÓMPLICES

Giles de Sillé, filipo y Ector, hizo entrar en su castillo algunos niños mendigos que frente al puente levadizo pedían limosna. Después de tranquilizarlos, después de acariciarlos, mientras sus acólitos seguían sentados en los sillones alrededor de la chimenea, Giles empezó a beber aún más que de costumbre, a bailar y a cantar. En el suelo trazó algunos signos solamente conocidos por él, luego evocó las fuerzas elementales por sus nombres hebreos, con un gesto llamó a filipo y le ordenó que condujera a todos los niños a la otra sala, con excepción con uno de once años. Luego se acercó al niño y lo llevó al gran lecho que ocupaba el fondo de la sala.

Después de algunas caricias tomó una daga que colgaba de su cintura y voluptuosamente y riendo a carcajadas cortó la vena del cuelllo del desdichado. Frente a la sangre que brotaba, frente al pequeño cuerpo que se convulsionaba, Giles se puso como loco. Arrancó las vestimentas del moribundo ; luego tomó su propia verga y la frotó y la apoyó en el vientre del niño, que Ector y filipo sostenían con facilidad porque estaba muy débil y sin conocimiento. Cuando por fin saltó el esperma el varón de Rais tuvo un nuevo acceso de rabia : le pidió a uno de sus cómplices una gran espada a la que llamaba su "braquemard" (machete), y de un golpe corto la cabeza de su víctima. La sangre se mezcló con las deyecciones y las pulaciones. Gilles de Rais , mariscal de Francia, estaba en pleno éxtasis. Sobre el cuerpo extendido decapitado, una vez más se entregó a su obsesión erótica. Introdujo su sexo entre las piernas rígidas del supliciado, gritó, lloro, y luego en otro orgasmo se derrumbó sobre su víctima a la que no quería abandonar cubriéndola de besos y lamiendo su sangre. Luego ordenó que quemaran el cuerpo en la chimenea pero que conservara la cabeza hasta el día siguiente. Y en ese mismo suelo , desnudo y manchado, se quedó dormido. A la mañana siguiente pudo darse cuenta de que las grandes lajas blancas y negras de la sala estaban limpias. No quedaba en ellas ninguna huella de sus infernales desenfrenos. Cuando apareció filipo, le pidió que trajeran la cabeza del supliciado. Ante esta que encontró una belleza divina, se arrodillo bañado en lagrimas y prometió enmendarse. Luego, como galbanizado por esa carne reposada y lívida acercó sus labios a la cabeza, la besó largamente y se fue a su cama llevándosela consigo. Se hundió con ella acariciando ese resto humano que era incapaz de abandonar. Por fin filipo logró recuperar la cabeza y preguntó que debía hacer con ella. Por toda respuesta Giles le anunció que muy pronto se reuniría con otras cabezas tanto o más bellas. Esa noche recomendó una orgía aún más espantosa.

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