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La
esfera, tan luminosa como el Sol, vencía el tiempo. Franqueó
la superficie del planeta Thifflix, y por un momento dio
la impresión de que las pantallas cristalinas, flotantes
en la atmósfera, le impedirían avanzar; sin embargo, de
la misma forma que un ser humano atraviesa el aire, las
cruzó.
Se
reunió con otra similar, de proporciones enormes. Su diámetro
era tan extenso, que si una persona intentara calcularlo,
aún empleando las máquinas más modernas, le costaría mil
años exactos.
La
diminuta canica lumínica alcanzó a la más grande y se
fusionaron, igual que una gota de agua cae en un océano.
Cualquier
observador podía pensar: ¿Lógicamente el volumen aumentará?;
pero, debido a que todas las leyes físicas no se regían
en aquel mundo, no fue así.
Y
es que Dios cometió un error; creó al hombre y éste una
vez que evolucionó, empezó a investigar a Dios. Cuando
lo comprendió se volvió tan perfecto como él.
J.
C. M. Lanáu 
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