número ocho | diciembre 2000 | web 27/36 AnteriorPortadaSiguiente

el error de dios

   
 

La esfera, tan luminosa como el Sol, vencía el tiempo. Franqueó la superficie del planeta Thifflix, y por un momento dio la impresión de que las pantallas cristalinas, flotantes en la atmósfera, le impedirían avanzar; sin embargo, de la misma forma que un ser humano atraviesa el aire, las cruzó.

Se reunió con otra similar, de proporciones enormes. Su diámetro era tan extenso, que si una persona intentara calcularlo, aún empleando las máquinas más modernas, le costaría mil años exactos.

La diminuta canica lumínica alcanzó a la más grande y se fusionaron, igual que una gota de agua cae en un océano.

Cualquier observador podía pensar: ¿Lógicamente el volumen aumentará?; pero, debido a que todas las leyes físicas no se regían en aquel mundo, no fue así.

Y es que Dios cometió un error; creó al hombre y éste una vez que evolucionó, empezó a investigar a Dios. Cuando lo comprendió se volvió tan perfecto como él.

J. C. M. Lanáu Ficha autor

   

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