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(Viene
del anterior)
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IV -
Desde
el día en que vi la película Betty Blue de Jean
Jacques Beineix, aparte de enamorarme locamente de Beatrice
Dalle, definí perfectamente mi mujer perfecta.
Siempre
creí en la búsqueda de un ser idílico, pero real, que
sí bien no defines con rostro, nombre y apellidos, si
lo haces en cuanto físico, comportamiento, ideas e incluso
sabes como reaccionaría en determinadas situaciones que
tú ya has soñado.
Yo
tenía claro como sería mi Betty Blue, hasta que llegara
a encontrarla, podría pasar por las camas de media humanidad,
pero sólo ella sería mi elegida. Una joven espontánea,
bella, atractiva, viciosa, muy inteligente y con un halo
a su alrededor, emanado por ella misma.
Todo
esto recorría mi mente mientras bajaba por las escaleras
al pub. No pensaba encontrarla allí, aunque... La impresión
fue eso. ¡Impresionante! El local se encontraba a reventar
de gente. Chicas, muchas chicas de todos los tamaños.
Intenté,
poniéndome de puntillas, hacerme un poco con la situación,
pero era totalmente imposible. Bebí y abordé alguna, sin
ningún resultado. No era Jean Dean pero ¿Qué coño veían
de mi?
Cuando
volvía a mi casa, me salió un tío de un coche, se me acercó,
me cogió del brazo y poniéndome una navaja en el estomago,
me dijo: "Tranqui colegita".
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V-
Las
chicas guapas nunca te comen la polla. Las chicas guapas
son hermosuras frías, inmóviles, como estatuas de sal
que nunca fruncen el ceño o pronuncian palabra alguna.
A
veces tienes que elegir entre una guapa y una del montón
que se lo hace. A veces no sabes si llorar o vender tu
alma al diablo. A veces lo único que sabes hacer es ponerte
frente al espejo y gritar "Idiota".
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VI -
Me
viene a la mente el día que vendí mi moto, la moto con
la que trabajé de mensajero durante más de cuatro años
y pico.
No
podré olvidar todos los excepcionales momentos que pasé
con ella. También hubo momentos jodidos pero por alguna
extraña razón esos se suelen recordar mucho menos.
Aquella
Vespa de 125 cc. Me la compré con los ahorros de todo
un año. Ya sabes, ñapas por aquí, ñapas por allá.
El
día que la vendí, el mismo que dejé la mensajería, me
juré no montar nunca más en otro moto. Después como es
normal si que volví a montar. Cuando ahora recuerdo el
momento de hacerme aquella promesa, no puedo sino compararme
con aquellas princesas medievales que muerto su amante
se encerraban en un convento. Claro que la puerta del
convento se cierra por dentro.
(Continuara)
Mon
Magan 
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