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más
allá del sur
Boadil
me enriquece por dentro en los jardines de cuando fuiste
mío y real, la ensoñación raptada de mi alma velando por
las patrias de las luces solas, un antro desierto con
los remotos pasajeros de un ambulante enemigo irredento,
muy lejos de los pasajes donde la historia se respira
a veces se libera muerte una blanca estatua escupe y cincela
con su crueldad cuanto sucede allá lejano, las explosiones
de los estallidos de la verdad se dedican a un entierro
eficaz del conjuro que orienta las verborreicas instalaciones
de otro ejército de sol una luz del sur ilumina todo lo
que me arrebatas de los mares del norte pienso,
y cuando ni mis reinantes palabras esconden la desolación
de los seres idos, trato de expresar con ellos y conmigo
la posibilidad de meditar más allá del sur.


templo
Mis
meditaciones reparan las solas malditas estancias de los
hombres humanos, los que ocultaron el rastro de los rostros
sin vida desfalleciendo en el dolor cuántos duelos tal
vez ocuparon su descarga de saber valerse por sí solos
ello de ello, de ese rincón protector, escapo con descaro
mientras entierro a Dios, una tregua insensata produce
la emoción que destruye los reinos de la belleza, los
hombres libres se liberan con las latas de enormes pantallas
que solo son, el destierro de un espíritu amparan en la
oscuridad de esas condenas silentes, entre ellos y mi
mundo gobiernan las sombras su rico feudo de carencias
sales, y ni los desertores ni los que dedican su huraño
momento a los disidentes aman, una ocupación de mis estallidos
en los ceremoniales benditos de este templo.
Teobaldo
González 
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