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Barbarian
Rock Festival
24
mayo, Pinos Puente (Granada)
Barbaridades
El
viernes antes del diluvio universal, tuve la suerte de
que me presentaran en Trifixion a Piot, el batería
de Therion. Aquello incrementó las ganas que tenía
de concierto, pero parece que me persigue la mala suerte.
Más bien creo que le persigue a la organización:
primero Manowar y ahora el Barbarian Rock.
Llegar
a casa la víspera del concierto a las tantas de
la madrugada para levantarse a las ocho, ya sabes, de
esos días que pasas por casa sólo para cambiarte,
prepararte unos bocatas, coger las entradas y recoger
a los colegas con las sábanas pegadas a la cara,
la baba seca en la boca, los ojos pegados como sellos
y un resacón de mil pares de cojones... rumbo a
la estación de trenes a coger el autobús
para Pinos Puente. Allí la peña estaba amotinada
bajo una parada pues comenzaba a caer las primeras gotas,
tenían la cara como el que os narra esta jodida
crónica. Cuando llegó el autobús
y paró al principio de la calle empezó el
torneo de lucha libre para llegar los primeros, en el
cual intervino hasta una monja intentando que no se les
dispersaran las "criaturillas de Dios" que alucinaban
ante el espectáculo de cueros y pelos largos. El
que tenía los ojos tan pegados como yo tuvo que
esperar al otro.
Ya
donde se celebra el acontecimiento. Por la cuesta algunas
iban haciendo bromas con los viejos del pueblo: -mirad,
los Uriah Heep...- (Buenísimo). llegamos al final
de la cuesta con la lengua en el suelo, mientras escuchábamos
desde fuera a los Motores, que recordaban agente como
los Barricada en sus principios y a Parabelum. Tres o
cuatro canciones después, entramos tras bebernos
en la puerta los litros que nos quedaban y realizar unos
cuantos negocios de compra-venta. Había más
gente fuera que dentro. Escuchábamos la canción
de despedida de los Motores, "si quieres un amigo
cómprate un perro" (pó fale...), y
nos apalancamos por donde pudimos a esperar al siguiente
grupo, Golgotha, uno de los mejores.
Y
la "pitopausia", nos "aguaron" la
fiesta. La gente se refugiaba donde podía, bajo
un árbol, entre los stand de merchandising, en
las gradas, en los banquillos y los que tenían
coche salieron fuera buscando su resguardo. Aquí
acabó todo; entonces empezaron los murmullos de
unos y otros sobre la suspensión del concierto
que tres horas después, sobre las seis y media
de la tarde anunció El Pirata desde el megáfono
de la ambulancia del servicio médico.
Lo
peor de todo es que el Barbarian Rock tuvo su primera
y seguramente última edición: Os abandono
dejando una pregunta en el aire: ¿Para cuando una
sala habilitada para este tipo de acontecimientos?...
Más Rockodromo y menos historias con el Rey Chico.
Carlos
Axioma 
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