número cuatro | agosto 1997 | papel 9/60 AnteriorPortadaSiguiente

Edición en papel

Barbarian Rock Festival

24 mayo, Pinos Puente (Granada)

Barbaridades

El viernes antes del diluvio universal, tuve la suerte de que me presentaran en Trifixion a Piot, el batería de Therion. Aquello incrementó las ganas que tenía de concierto, pero parece que me persigue la mala suerte. Más bien creo que le persigue a la organización: primero Manowar y ahora el Barbarian Rock.

Llegar a casa la víspera del concierto a las tantas de la madrugada para levantarse a las ocho, ya sabes, de esos días que pasas por casa sólo para cambiarte, prepararte unos bocatas, coger las entradas y recoger a los colegas con las sábanas pegadas a la cara, la baba seca en la boca, los ojos pegados como sellos y un resacón de mil pares de cojones... rumbo a la estación de trenes a coger el autobús para Pinos Puente. Allí la peña estaba amotinada bajo una parada pues comenzaba a caer las primeras gotas, tenían la cara como el que os narra esta jodida crónica. Cuando llegó el autobús y paró al principio de la calle empezó el torneo de lucha libre para llegar los primeros, en el cual intervino hasta una monja intentando que no se les dispersaran las "criaturillas de Dios" que alucinaban ante el espectáculo de cueros y pelos largos. El que tenía los ojos tan pegados como yo tuvo que esperar al otro.

Ya donde se celebra el acontecimiento. Por la cuesta algunas iban haciendo bromas con los viejos del pueblo: -mirad, los Uriah Heep...- (Buenísimo). llegamos al final de la cuesta con la lengua en el suelo, mientras escuchábamos desde fuera a los Motores, que recordaban agente como los Barricada en sus principios y a Parabelum. Tres o cuatro canciones después, entramos tras bebernos en la puerta los litros que nos quedaban y realizar unos cuantos negocios de compra-venta. Había más gente fuera que dentro. Escuchábamos la canción de despedida de los Motores, "si quieres un amigo cómprate un perro" (pó fale...), y nos apalancamos por donde pudimos a esperar al siguiente grupo, Golgotha, uno de los mejores.

Y la "pitopausia", nos "aguaron" la fiesta. La gente se refugiaba donde podía, bajo un árbol, entre los stand de merchandising, en las gradas, en los banquillos y los que tenían coche salieron fuera buscando su resguardo. Aquí acabó todo; entonces empezaron los murmullos de unos y otros sobre la suspensión del concierto que tres horas después, sobre las seis y media de la tarde anunció El Pirata desde el megáfono de la ambulancia del servicio médico.

Lo peor de todo es que el Barbarian Rock tuvo su primera y seguramente última edición: Os abandono dejando una pregunta en el aire: ¿Para cuando una sala habilitada para este tipo de acontecimientos?... Más Rockodromo y menos historias con el Rey Chico.

Carlos Axioma Ficha autor


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