número cuatro | agosto 1997 | papel 58-59/60 AnteriorPortadaSiguiente

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La literatura no ha existido siempre

La historia del mundo es la historia del crimen, porque está contada desde arriba, desde los Fujimoris o Atilas o Borgias o Francos de siempre: desde los darwinistas de la gran dentadura: la filosofía humana fingida por la "supervivencia del más fuerte" o la "lucha por la vida", de la que nacen el liberalismo económico (nuestro régimen desde la muerte de Franco) y su brazo armado, el fascismo (prefiero a Rousseau: creo que el "buen salvaje" segregaba una evolución pacífica); la globalización de la economía, fabricando en Asia a precios irrisorios, pagando una miseria (contribuyendo a que en aquellos países ésta no cambie), y vendiéndolos, con la plusvalía que se arranca, al triple (o más) de su precio en Occidente (¿por qué ha "quebrado" la mina de Alquife...?).
Siempre se ha explicado la literatura desde un punto de vista ahistórico, al aparecer una "nueva época" ha aparecido un nuevo "espíritu". Se diría que la literatura es un campo autónomo, que posee unidad esencial desde sus orígenes inmemoriales hasta hoy, y que esos cambios o evoluciones son sólo variaciones accidentales en el interior de ese campo "eterno" de la literatura. Lo que subyace bajo el término"ahistórico" es la noción misma de "sujeto" o de "hombre": la noción hombre/sujeto es una realidad eterna.
La existencia real de ese tipo de discurso que llamamos literarios sólo surge cuando surge la lógica del "sujeto" (la imagen de un individuo libre, único responsable de sus actos), creación de la matriz ideológica burguesa (s. XVI), y responde a la necesidad que tiene de hacer hombres libres, sujetos libres como poseedores de su fuerza de trabajo; y la matriz burguesa se enmarca dentro del funcionamiento de cada matriz histórica, de cada momento histórico, construido sobre tres niveles: económico (determina, pero no domina), jurídico-político e ideológico. El discurso literario se sitúa en el ideológico, pero el ideológico es inexplicable sin el nivel económico y el jurídico-político: la ideología es un espejo deformador del nivel económico y jurídico-político.
La obra literaria se mueve en un nivel ideológico, y produce y reproduce la lógica del inconsciente ideológico, las diferentes categorías generadas en cada momento histórico (libertad, vida propia, frente a noción de almas, la jerarquía de la sangre feudal..., enmarcadas con la apariencia de "personajes", "temas", "estructura", "estilo").
La literatura, el arte, no es más que la expresión en el plano ideológico, metafórico, de las condiciones de vida de un determinado momento histórico, produciendo (y plasmando) ideología que sirve para el mantenimiento del orden social establecido; ya afirmaba Nietzsche que el arte era un fármaco (necesario) para poder encubrir el "sufrimiento" de la vida. Partía de la división del mundo en dos fuerzas (lo apolíneo, la razón, lo intelectual, y lo dionisíaco, instintos, el lado más oscuro), y de la ruptura del equilibrio entre ambas nacería la tragedia, una forma de arte: ¿para qué sirve? el arte nos reconcilia con la vida, si tiene esa dimensión estética es para poder soportarla, para poder encubrirla; la tragedia, el arte, la religión, el mito, nos reconcilian con la vida.
No sólo la obra literaria está construida por una determinada concepción del mundo, sino que el mismo "autor" es producto de las relaciones sociales en que vive: más que "autor" como causa y origen de la obra, habría que hablar de "sujeto", ser anónimo, determinado absolutamente por la estructura del mundo en el que vive, siendo un efecto estructural de las relaciones que gobiernan su mundo, sus gestos y hasta su libertad vivida. Es cierto que, ante un poema, una película, una frase, un "solo" de John Squire ("Stone Roses", ahora "The sea horses") sentimos "algo", nuestro organismo, ante un estímulo, produce una respuesta sentida en nuestro cuerpo: algo hay en ese tipo de discursos que nos conmueve; pero el hombre, sin sociedad, es un abstracto (en la Edad Media, sólo las mujeres de la corte tenían sentimientos, eran sensibles, mientras que las del pueblo -las serranas- sólo eran capaces de fornicar como animales) y esas "sensaciones" que percibimos (o que son capaces de producir algunos) son construidas, "manipuladas", en diferentes momentos históricos por el interés de una clase dominante; existe una capacidad, una facultad humana (producir estímulos -históricos- y recibir "emociones" , mediante el esquema psicológico Estímulo - Organismo - Respuesta), que, a manera de hueco, se ha ido rellenando a lo largo de la Historia, y no sabemos hasta qué punto ha ido cambiando, incluso, esa misma facultad.
Quizá, en fin, hasta los "sentimientos" sean construcciones históricas, porque, ¿sentiría lo mismo Marco Antonio por Cleopatra que Lou Reed por Laurie? (véase -o escúchese- su último disco): la sociedad hace al hombre (aunque en algún momento el hombre la creara).
En este turbulento fin de siglo, hay una alternativa real, el camino difícil y fecundo de un auténtico humanismo. Y, como escribía Lou Reed, el comienzo sería: "I accept the new found man and set the twilight reeling".

Antonio Gómez Soto Ficha autor


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