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Bruce Wayne es real.
Nosotros no.
Hay que decirlo. Ha llegado la hora.
La verdad no puede permanecer oculta por más tiempo
si no queremos recibir el castigo de los más oscuros
dioses. Demos un paso adelante y revelemos al mundo el
secreto.
Hay
algo que todos hemos sentidos en nuestro interior más
de una vez. Algo que todos los que nos arremolinamos en
torno a esos maravillosos cuadernos coloreados hemos percibido
secretamente... Algo que nos ha hecho mirar de manera
distinta a los desvaídos colores que dan formas
a eso que algunos llaman mundo real.
Pues...¿no
ha quedado nuestro todo nuestro ser sobrecogido al contemplar
la grandeza del fantástico universo que describen
los tebeos, grandeza que sólo sabemos comprender
nosotros? ¿No nos deslumbra una vez tras otra ese
increíble mundo, cuya épica desatada supera
con mucho a esta gris existencia a la que el destino nos
ha atado? y, es más... ¿no puede ser cierto
el que haya una realidad superior que sólo les
haya sido dado intuir a grandes creadores como Stan Lee,
Jack Kirby, Steve Ditko, Bob Kane, Jerry Siegel, Joe Shuster...
y tantos, tantos otros?
Si,
compañeros, amigos... hermanos, en suma, ésta
es la verdad. Millares de universos únicamente
conocidos por una casta especial de seres, despreciados
y denostados por el vulgo ignorante, a menudo llamados
fans. Nosotros que hemos asistido a combates sin igual,
viajes a lejanas galaxias, batallas encarnizadas más
allá del tiempo y del espacio, sólo nosotros
somos los Elegidos poseedores de la verdad. En un mundo
ignorante e incrédulo únicamente nosotros
somos los Iluminados por el conocimiento de una realidad
superior que los demás mortales ni tan siquiera
imaginan.
Y, os preguntaréis: ¿cómo ha llegado
este hombre a alcanzar secretos tan ocultos al resto de
la gente? Os lo contaré:
Durante los últimos tres años mis sueños
se vieron turbados por imágenes y apariciones que
mi razón no podía explicar. Despertaba sobresaltado
y envuelto en una febril excitación. Con el paso
del tiempo las visiones fueron mostrándose con
mayor calidad, como si la membrana que nos separa comenzase
a diluirse. Los ecos que me llagaban de otros mundos se
hicieron cada vez más comprensibles a mi mente.
Un día tomé la decisión. Me interné
desnudo en el desierto durante cuarenta días y
cuarenta noches, sin otros sustento que la lectura de
números de Los cuatro fantásticos
obra de Stan lee y Jack Kirby. Al final, al término
de la cuadragésima noche sentí una presencia
junto a mí. Era la entidad conocida como el Vigilante.
Él me reveló todo lo que os he contado.
Desde entonces mi vida ya no es la misma. Mi lucha por
difundir la Luz me ha acarreado incomprensiones ("niño,
deja ya los tebeos", "siempre con los cómics",
"producto típico de la actual involución
ideológica, cuyo destino último deviene
a ser el consumo por aparte de niños y adultos
infantilizados, obviamente alejados de los círculos
de expertos, dotados naturalmente de una superior capacidad
intelectual..."), burlas ("tan grande y todavía
con tebeos", "deja ya de leer tebeos, que te
vas a quedar tonto") y, en el mejor de los casos,
paternalismo ("a ti te gustan mucho los tebeos, ¿verdad?").
Pero... ¿acaso eso importa? No, amigos míos.
El deber nos reclama. Llevad junto a mí la Verdad
a ese incrédulo. Benditos seáis. ¡Excélsior!
Firma: La voz del fan sin voz
Paco
Fernández 
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