número cuatro | agosto 1997 | papel 42-43/60 AnteriorPortadaSiguiente

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Bruce Wayne es real.
Nosotros no.

Hay que decirlo. Ha llegado la hora. La verdad no puede permanecer oculta por más tiempo si no queremos recibir el castigo de los más oscuros dioses. Demos un paso adelante y revelemos al mundo el secreto.
Hay algo que todos hemos sentidos en nuestro interior más de una vez. Algo que todos los que nos arremolinamos en torno a esos maravillosos cuadernos coloreados hemos percibido secretamente... Algo que nos ha hecho mirar de manera distinta a los desvaídos colores que dan formas a eso que algunos llaman mundo real.
Pues...¿no ha quedado nuestro todo nuestro ser sobrecogido al contemplar la grandeza del fantástico universo que describen los tebeos, grandeza que sólo sabemos comprender nosotros? ¿No nos deslumbra una vez tras otra ese increíble mundo, cuya épica desatada supera con mucho a esta gris existencia a la que el destino nos ha atado? y, es más... ¿no puede ser cierto el que haya una realidad superior que sólo les haya sido dado intuir a grandes creadores como Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko, Bob Kane, Jerry Siegel, Joe Shuster... y tantos, tantos otros?
Si, compañeros, amigos... hermanos, en suma, ésta es la verdad. Millares de universos únicamente conocidos por una casta especial de seres, despreciados y denostados por el vulgo ignorante, a menudo llamados fans. Nosotros que hemos asistido a combates sin igual, viajes a lejanas galaxias, batallas encarnizadas más allá del tiempo y del espacio, sólo nosotros somos los Elegidos poseedores de la verdad. En un mundo ignorante e incrédulo únicamente nosotros somos los Iluminados por el conocimiento de una realidad superior que los demás mortales ni tan siquiera imaginan.
Y, os preguntaréis: ¿cómo ha llegado este hombre a alcanzar secretos tan ocultos al resto de la gente? Os lo contaré:
Durante los últimos tres años mis sueños se vieron turbados por imágenes y apariciones que mi razón no podía explicar. Despertaba sobresaltado y envuelto en una febril excitación. Con el paso del tiempo las visiones fueron mostrándose con mayor calidad, como si la membrana que nos separa comenzase a diluirse. Los ecos que me llagaban de otros mundos se hicieron cada vez más comprensibles a mi mente.
Un día tomé la decisión. Me interné desnudo en el desierto durante cuarenta días y cuarenta noches, sin otros sustento que la lectura de números de Los cuatro fantásticos obra de Stan lee y Jack Kirby. Al final, al término de la cuadragésima noche sentí una presencia junto a mí. Era la entidad conocida como el Vigilante. Él me reveló todo lo que os he contado.
Desde entonces mi vida ya no es la misma. Mi lucha por difundir la Luz me ha acarreado incomprensiones ("niño, deja ya los tebeos", "siempre con los cómics", "producto típico de la actual involución ideológica, cuyo destino último deviene a ser el consumo por aparte de niños y adultos infantilizados, obviamente alejados de los círculos de expertos, dotados naturalmente de una superior capacidad intelectual..."), burlas ("tan grande y todavía con tebeos", "deja ya de leer tebeos, que te vas a quedar tonto") y, en el mejor de los casos, paternalismo ("a ti te gustan mucho los tebeos, ¿verdad?").
Pero... ¿acaso eso importa? No, amigos míos. El deber nos reclama. Llevad junto a mí la Verdad a ese incrédulo. Benditos seáis. ¡Excélsior!
Firma: La voz del fan sin voz

Paco Fernández Ficha autor

 

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