número cuatro | agosto 1997 | papel 12/60 AnteriorPortadaSiguiente

Edición en papel

Cannabis
Parece mentira lo que cambia la humanidad de parecer: aquello que estaba bien visto ahora se convierte en un vicio y viceversa. El cáñamo proporciona tal variedad de productos, que más de uno se sorprendería.
Ya en año 3.000 a. C. se habla de la resina del cáñamo como un remedio contra la gota, el reúma, la malaria, la gripe y los desmayos. En el siglo I se produjo el primer papel de cáñamo, pero ahora se talan árboles para conseguir lo mismo. Las propiedades de esta planta no pasaron desapercibidas ni a egipcios, griegos ni romanos, así como tampoco a los árabes, que la llamaban Hashish (hierba). En la época de las cruzadas se usaba contra enfermedades tan comunes como la histeria, el tétano, el delirum tremens o el cólera.

Ya durante la campaña de Napoleón en Egipto, este pudo comprobar cómo sus tropas se debilitaban al hacer uso de esta sustancia tan apreciada. La sociedad burguesa parisina pronto querrá descubrir sensaciones nuevas, y los salones de París se convertirán en fumaderos de cáñamo. Thèofile Gaiter fundó en 1840 el Club de los Ashishins al que se sumaron intelectuales de la talla de Baudelaire, Daumier o Delacroix, con el objeto de experimentar con el hachis.
Baudelaire realizó un estudio de sus efectos que él dividió en tres: un primer paso lento para acceder a él, que los novicios no saben apreciar. El siguiente paso provoca diversión, y por fin el último de complicidad y vaguedad.
A estas alturas el cañamo es algo tan común como el agua, todos los continentes poseen plantaciones, lo que le otorga variedades propias según las latitudes.
En EE.UU. la hierba fue introducida en la Ley Harrison de Narcóticos (1937) por ser "una droga adictiva, cuyo uso es perjudicial para la mente y el cuerpo, y que hace cometer delitos a quien la usa". Como suele ocurrir basta que algo se prohiba para que se multiplique su uso, es el sabor de lo prohibido.
En los años sesenta, con el torbellino que fue el Rock 'n' Roll, los jóvenes rebeldes hacen de los porros su droga favorita. Woodstock encarnó el movimiento hippy-pacifista donde la música y la marihuana eran las armas para cambiar el mundo. Como era de esperar después de aquellos días de fantasía todo siguió igual.

¿Por qué no se hacen caso a los informes médicos a favor?
Una incongruencia más dentro de esta sociedad.

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