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Cannabis
Parece mentira lo que cambia la humanidad de parecer:
aquello que estaba bien visto ahora se convierte en un
vicio y viceversa. El cáñamo proporciona
tal variedad de productos, que más de uno se sorprendería.
Ya en año 3.000 a. C. se habla de la resina del
cáñamo como un remedio contra la gota, el
reúma, la malaria, la gripe y los desmayos. En
el siglo I se produjo el primer papel de cáñamo,
pero ahora se talan árboles para conseguir lo mismo.
Las propiedades de esta planta no pasaron desapercibidas
ni a egipcios, griegos ni romanos, así como tampoco
a los árabes, que la llamaban Hashish (hierba).
En la época de las cruzadas se usaba contra enfermedades
tan comunes como la histeria, el tétano, el delirum
tremens o el cólera.
Ya durante la campaña de Napoleón en Egipto,
este pudo comprobar cómo sus tropas se debilitaban
al hacer uso de esta sustancia tan apreciada. La sociedad
burguesa parisina pronto querrá descubrir sensaciones
nuevas, y los salones de París se convertirán
en fumaderos de cáñamo. Thèofile
Gaiter fundó en 1840 el Club de los Ashishins al
que se sumaron intelectuales de la talla de Baudelaire,
Daumier o Delacroix, con el objeto de experimentar con
el hachis.
Baudelaire realizó un estudio de sus efectos que
él dividió en tres: un primer paso lento
para acceder a él, que los novicios no saben apreciar.
El siguiente paso provoca diversión, y por fin
el último de complicidad y vaguedad.
A estas alturas el cañamo es algo tan común
como el agua, todos los continentes poseen plantaciones,
lo que le otorga variedades propias según las latitudes.
En EE.UU. la hierba fue introducida en la Ley Harrison
de Narcóticos (1937) por ser "una droga adictiva,
cuyo uso es perjudicial para la mente y el cuerpo, y que
hace cometer delitos a quien la usa". Como suele
ocurrir basta que algo se prohiba para que se multiplique
su uso, es el sabor de lo prohibido.
En los años sesenta, con el torbellino que fue
el Rock 'n' Roll, los jóvenes rebeldes hacen de
los porros su droga favorita. Woodstock encarnó
el movimiento hippy-pacifista donde la música y
la marihuana eran las armas para cambiar el mundo. Como
era de esperar después de aquellos días
de fantasía todo siguió igual.
¿Por qué no se hacen caso a los informes
médicos a favor?
Una incongruencia más dentro de esta sociedad.
Sr.
Púrpura 
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