número cuatro | agosto 1997 | papel 10/60 AnteriorPortadaSiguiente

Edición en papel

Festimad 97

Yo estuve allí

Sin viaje organizado, sin tienda de campaña, a la puta aventura, nos fuimos al Festimad, aunque eso si con la entrada para el sábado en el bolsillo.
Por apenas 3.500 ptas por persona ida y vuelta, nos plantamos en Madrid, y recorrimos las entrañas de la tierra en unos aparatos extraños que la gente decía que medían un metro, pero creo que miden más. Nos dispusimos a coger el autobús con destino a Móstoles y sobre las 14 h estábamos viendo patos (que por cierto este año han criado) en el parque del Soto.
Yo quería ver a Mercromina y a las 14:30 los vi, en el escenario Tipo (el segundo en tamaño), estuvieron bien, tras ellos Latino Diablo que con su hip hop intentaron hacer saltar al público, pero a esa hora no hay quien salte, y además su música no es que anime mucho.
Una paradita para comer, y al regresar nos encontramos a Nada Surf, chapurreando entre canción y canción algo de español y la gente tarareando, y fumando, y fumando, y fumando, y... coño si que fuman en el parque.

Dover
Y ese pedazo de sorpresa, Dover, si los del anuncio ése de... (no haré publicidad, aunque si pagan...) pues eso, fantásticos, entre tanta morralla gusta encontrar grupos buenos, buenos de verdad. Cristina aporta al grupo, además de una pose y un estilo impecables en el escenario, una voz sorprendente, desgarrada que le diferencian de otros muchos grupos. El idioma adoptado es el inglés, pero no apartan del todo el castellano, ya que también apuestan por él. Pero que no canten en español no los hace vulgares ni repetitivos en sus canciones, como ha pasado en el movimiento indie, sino que aportan algo nuevo al sonido independiente español. Ellos son Dover, con melodías descaradas y pegadizas, mezclándolas sabiamente con toques duros de guitarra, batería y voz. Este grupo llegará alto, no me equivoqué con Def con Dos cuando los escuché por primera vez en el 5º Espárrago y no me equivoco con Dover después de escuchar su directo.

Tras ellos Down by Law, del montón, para que os voy a engañar, del montón inglés, pero como son ingleses. En el escenario Tipo subieron Morphine, diferentes pero no me dijeron nada, La Rollins Band, mucho músculo pero escuchabas tres canciones y volvían a repetir el repertorio.
De El Inquilino Comunista, Australian Blonde y Ocean Colour Scene escuchamos las dos primeras canciones y pasamos olímpicamente de ellos. Optamos por visitar lugares de copas, stands, la zona hip-hop (que estaba a rebosar de peña y aunque el escenario era pequeño, se veía bastante bien), el Chill-out (donde no paró la música en los dos días), zona de música jamaicana, meaderos modernos,... que bien nos los pasamos en lugar de ver a los tres anteriores grupos peñazos y poperos.
Otro dulce que nos hizo pensar que ir al Soto mereció la pena fueron los contundentes Fear Factory, unos sonidos que nunca había escuchado, entre mezcla tecnológica y trash metal, nos encantaron. También El Club de los Poetas Violentos nos gustó, textos explícitos que te hacen imaginar la vida en una gran ciudad.
Y por último The Prodigy, el grupo por el que en realidad me decidí a gastarme las pelas en Madrid. Tecnológicos y digitales que te hacen bailar y sudar, rayando una y otra vez los temas y animando a la gente (hasta dejaron subir a unas 20 personas al escenario para bailar). Faltó algo, quizás dos pantallas donde proyectar la cara del cantante, gráficos por ordenador,...
Total, que mereció la pena, coño que sí.

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