número tres | marzo 1997 | papel 39/43 AnteriorPortadaSiguiente

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Opinión

El Ácrata Semanasantero

La feria, fiestas, no sirven más que para ver cómo evoluciona la cultura del pobre, cómo de un año para otro quedan obsoletos los medios de diversión, cambiando según dicta el mercado; Vi unos latinoamericanos (de Ecuador; aunque algún accitano comentaba: "vamos a ver a los japoneses"), que intentaban vender sus abrigos y trencas de lana en una de las zonas más deprimidas de toda Andalucía (y de España, pero que más da: las minas de Alquife -recuerdo su cine, esperando al fin de semana para ver las películas de serie B, la piscina, los amigos, y su biblioteca: un pequeño armario lleno de libros sin leer, sus calles, colmadas, de una polvorienta tristeza-, la única explotación minera de nuestra provincia, está en peligro de cierre, y mientras, la comarca entera permanece en un movimiento "parado", eso sí, intentando mantener cada uno su calidad de vida -"calidad de vida", suele referirse al número de cuartos de baño, al de teléfonos, incluso al de televisores o de automóviles, y no es eso: la calidad de vida pide un confort interno y un sentido de la libertad, y un conocimiento y una información; así, respecto a las minas, saber despertar y reivindicar a tiempo-), llegando no sé cómo desde sus países arrasados y devastados por los "santos colonizadores" (colonizaciones: etapa álgida del capitalismo) quinientos años atrás (hace unos días, un amigo me comentaba que la guerra, la lucha -de clases, motor de la Historia-, la conquista, ha sido -y será, apostilla- el motor que ha movido el mundo, basado en la supremacía de un país sobre otro por medio de la fuerza: ya dijo Nietzsche -La genealogía de la moral, Alianza Editorial, pp 76-: "Ver sufrir produce bienestar; hacer sufrir, más bienestar todavía -ésta es una tesis dura, pero es un axioma antiguo, poderoso, humano-demasiado humano, que, por lo demás, acaso suscribirían ya los monos; pues se cuenta que, en la invención de extrañas crueldades, anuncian ya en gran medida al hombre y, por así decirlo, lo «preludian». Sin crueldad no hay fiesta: así lo enseña la más antigua, la más larga historia del hombre -¡y también en la pena hay muchos elementos festivos!-"), y, quinientos años después, volviendo a su antigua metrópoli que un día les llevó la religión (claro: ¿Cuántos ayatolás vemos en occidente intentando convertirnos al islam? ¿Y viajes del Papa a los "pobres moros" argelinos?), cultura (con la II República se empezó a creer que la historia de España empezaba en el conjunto de moros, judíos y romanos; que la reconquista y el destrozo de las otras culturas había sido un desastre), y lengua.

Y aún continua la toma de la embajada japonesa (Estos japoneses: un último modelo de "truck" (todo terreno), se llama "Pajero": claro, de pan, panadero, de carne, carnicero; de paja, pajero) en Perú, por unos representantes del MRTA (Movimiento Revolucionario Tupac Amaru), claro, que allí tienen a Fujimori (pro aquí tenemos a nuestro "Fujimari"), en una de las zonas más deprimidas de Hispanoamérica.

"Malos tiempos aquellos en los que hay que luchar por lo evidente", decía Ernesto Guevara: lo mataron. Se cierran una minas, productivas durante más de cien años, y, en los "años dorados", en vez de reinvertir en la zona en empresas alternativas, para cuando esto ocurriera, se enriquecieron y se fueron, con total educación (la que les faltó, según dice Muñoz Molina -"El País" Sábado, 25 de Enero 1997-, a los mineros en sus manifestaciones en Granada: prefiero esta falta de educación a aquél exceso de los dirigentes con los bolsillos llenos de dinero); el atraso considerable de la comarca accitana; se necesitan terrenos para ampliar una empresa accitana, y ésta tiene que huir hacia Purullena; Land-Rover, UNED, Conservatorio Superior de Música, todo desaparece, en Guadix (¡parece que es un inverso rey Midas a quien se le hace estiércol todo lo que toca!).

Aunque, claro, mejor taparse los ojos, la boca, los oídos: como los tres monitos de la sabiduría. Un amigo me comentaba que no me quejara más: que nada se critique, que nuestros políticos quieran sumir (más) a la comarca en la pobreza. El reino feliz de ver, oír y callar.

Antonio Gómez Soto Ficha autor


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