|

|
Luces
Relato
Había
decidido, aquella mañana, galopar sobre las crines
de la histeria, siendo más que un jockey, más
que una amazona, siendo casi Pegaso. De un salto me puse
en pie, abrí los brazos y besé a mi amada
envuelta aún en el mar blanco de las sábanas
de la cama. El sol ya entraba por la ventana, acercándome
a esta, pensaba en las pasadas transformaciones del último
cuarto de hora. Ahora Pegaso convertido en elixir de pasión
descendía del cielo cuales migas de pan, ofrecidas
por un generoso dios bienhechor. Así era yo, esclavo
y señor de todo lo situado entre el bien y el mal,
ángel tormentoso disfrazado de eunuco azul, con
el falo más enorme y las manos más dóciles
siempre al servicio de mi dormitante amada.
Así
era yo y decidido a estar bien abrí mi alma al
mundo y la dejé volar.
El
niño eleva la música del compact-disc para
no escuchar a los caballos que briosos e inquietos, dentro
de él, agitan sus patas provocando un infernal
ruido, el niño ya no lo es tanto, ya no se esconde
detrás de un muro de sebo y barro, ahora es dios,
un dios asesinado, un ser singular que no se atreve a
articular palabra, que ni tan solo mueve un solo dedo
en estos momentos ya que podría generar el fin
del mundo.
Aquí estoy hoy, como Pegaso mirando desde mi esplendor
el muro de ruina y odio edificado por los niños
asustados y ocultos en las almas de las criaturas que
como yo solo aspiran a ser felices.
En este momento mi amada se acaba de despertar y extiende
sus brazos mientras bosteza, y se oculta entre las sábanas,
y decide ser mía. Ángeles cantando a nuestro
alrededor, un buen puñado, con laudes, clavicordios
y flautas dulces, por ser estas más rectas.
Ante el coro celestial Pegaso descendió hasta las
profundidades de Bella, cayó la tarde del tercer
día, y como el anterior no hubo sodomización.
Apenas quedaba queso en la nevera y aquel infernal niño
del paraíso contigo hacía demasiado ruido
con su maldito disc-man.
Era invierno, aunque no recuerdo cual, la calle estaba
tan desierta que encontramos a mil personas en nuestro
cuarto de baño, apelotonadas esperando no se qué,
puede que lo que todo el mundo, un rincón para
apoyarse y descansar alternativamente primero una pierna
y luego la otra.
Me vestí de marrón pero a Bella no le gustó.
Cambié pues el color de mis alas y el cinturón.
Mi amante preparaba aquel maldito queso para comérnoslo,
cuando el creador, en un gesto de amabilidad ilimitado
dejó caer varias tabletas de carne de membrillo
Spar. Que más podíamos pedir, ahora que
éramos súper felices, que buscar que de
significado a una vida sino que el amor con dulce.
Las farolas de todo el paraíso se apagaron, el
sol comenzaba a despuntar sólo para anunciar un
nuevo día. Bella y yo aún hablábamos,
no recuerdo de qué. Con el pelo ataba mis manos,
con su lengua tapaba mi boca, no habíamos parado
de hablar y besarnos en toda la noche, pero el nuevo día
pronto exigiría mis nuevas transformaciones. Le
pregunté a Bella que prefería que fuera
hoy, ella respondió que ave y ave fui, después
el calor me condujo hasta las luces.
Mon
Magan 
|