|

|
Sobre
Ind. Kabouters
Recordar
no es siempre un acto de nostalgia, está claro,
pero en una de esas tardes en las que uno no sabe bien
qué hacer o qué pensar, me vienen a la cabeza
retazos, trocitos de pasado que pueden ser contados y
escritos para que no se olviden, por si acaso. Lo que
si puedo decirte es que siento un poco de rabia por haber
dejado escapar una ocasión como aquella, o quizás
por no haber visto cumplidas ciertas expectativas paralizadas
casi siempre por la indiferencia, como ver pasar un barco,
el tren, un buen momento que difícilmente volverá.
El
grupo Ind. Kabouters, si lo prefieres Kabouters sin más,
surgió a comienzos del año 97 y se terminó
en el 98. Efímero brote de vitalidad e imaginación
que nos llenó de instantes divertidos sin duda.
Cuando comenzó yo tocaba la guitarra, y ocasionalmente
cantaba, con un grupo llamado Infames, por llamarlo de
alguna manera, pues creo que nunca se nos ocurrió
un nombre definitivo, y para ser sincero, no andaba muy
ilusionado que se diga. Javier, batería, y yo habíamos
formado parte anteriormente de Desgarratrakeas, trío
de punk en la onda Stooges, y con Infames nos veíamos
un poco fuera de lugar, ni sabíamos por donde tirar.
Tal vez las relaciones entre nosotros no eran del todo
buenas y las canciones que tocábamos no nos motivaban
lo suficiente, por lo que el grupo estaba vencido por
la dejadez y la apatía.
Un
día vino al local Terri, un amigo común,
acompañado de un tío bastante peculiar llamado
Eyou para presentárnoslo. El caso es que Eyou buscaba
gente, músicos que pudieran echarle una mano para
grabar un par de canciones compuestas por él y
destinadas a formar parte de la banda sonora de un cortometraje,
también por él realizado. Nos mostró
los temas grabados en un walkman, cantados en inglés
y acompañado de una guitarra desafinada, bueno,
afinada a su manera. Aceptamos colaborar con él
y pronto nos pusimos a ensayar esas canciones que tampoco
resultaban muy complicadas y aunque no eran muy originales
por lo menos nos llenaban de aire fresco en esos apáticos
momentos con Infames. Juanjo a las teclas, José
al bajo, Javi y yo grabamos en un par de días la
música en una grabadora de 4 pistas y más
tarde Eyou añadió la voz. Todo fue bien
y ala cosa se acabó ahí. Después
de esto volvimos a lo que había, una rutina ligera
que nos arrastraba sin más...
Meses
después, Natxo, personaje derrotado con alma de
perdedor eterno y amante del pop (que también formó
parte de Infames en sus inicios) nos propuso a Javi a
mí, crear una nueva banda con la finalidad de tocar
versiones de algunas de nuestras canciones favoritas.
También fue convocado Barri, bajista del grupo
pop Rosa Rosae, con el que compartíamos local y
amistad. Como ninguno de nosotros era un verdadero vocalista,
Natxo no dudó en pedir a Eyou que se uniera a este
proyecto y éste aceptó rápidamente.
Eyou
era un chaval entusiasta e idealista como pocos, que se
tomaba muy en serio lo que hacía. Siempre metido
en proyectos y diversas actividades, teatro, música,
cualquier cosa. Siempre de aquí para allá
sin peder un segundo; ciertamente nunca había conocido
alguien con tanta vitalidad e ilusiones, aunque a veces,
a cierto sector de gente cerrada, su actitud parecía
molestar, en fin, ya sabes que siempre hay gente estrecha
de mente.
Pues
así se formó Kabouters. El nombre fue también
idea de Eyou que lo tomó de un colectivo holandés
de ideas revolucionarias que existió a finales
de los 60. Enseguida comenzamos a ensayar. Vuelvo a decirte
que la idea en principio eran las versiones de bandas
como Kinks, 13th Floor Elevator, Seeds y hasta Flamin'
Groovies... pero pronto empezaron a surgir canciones propias,
casi siempre compuestas por Eyou que tenía muchas!!
Entonces llegamos a tener en poco tiempo un repertorio
más o menos decente, mitad versiones, mitad originales.
Y dimos nuestro primer concierto! en una casa ocupada
(gaztetxe, como se llaman aquí) del barrio barakaldés
de Lutxana. Aquello sin duda fue unas muestra brutal de
caos sónico y desfase psicodélico. En un
enorme escenario y ante escaso público salimos
a tocar con algunas copas de más, así que
te puedes hacer una idea. Eyou no se abrasó la
cara de milagro, pues al tío le dio por prender
fuego en un bidón lleno de papelitos con frases
metafísicas escritas en uno de esos actos excéntricos
tan propios de él y menos mal que solo se quemó
cuatro pelos de la perilla y la manga de la camisa. Y
Natxo aficionado al bourbon, debió estar "tocando"
un buen rato sin siquiera enterarse que se le había
desenchufado la guitarra!! Apocalipsis sonoro que, a pesar
de todo, hizo que la gente lo pasara en grande ante tal
espectáculo totalmente freak. Un montón
de gente acabó bailando sobre el escenario mientras
sonaba "Pushin' too hard", improvisando toda
suerte de extraños sonidos. Un buen comienzo para
Kabouters.
Nuestro
segundo bolo fue en el bar Mellid de Barakaldo, que no
estuvo mal pero nos faltaba bastante ensayo. El tiempo
pasaba y la banda tiraba para adelante mientras Infames,
que siguió existiendo paralelamente una temporada,
se disolvió definitivamente. Eyou se movía
bastante y conseguía conciertos. Una vez fue en
una especie de mansión ocupada y habitada por freakis
de todo tipo. Tocamos a las seis de la mañana ente
cuatro personas contadas, las que aguantaban en pie, lo
que fue una lástima porque sonamos bastante bien
y Eyou no se cortaba un pelo y salió a escena totalmente
envuelto en cartón (?), representando una de sus
esperpénticas perfomances que, claro está,
pocos entendían. Más tarde Natxo, el fundador
del grupo, abandonó , dejaba la banda porque pasaba
de todo, poniendo pegas de todo tipo. Su inestabilidad
y falta de constancia son bien conocidas por todos nosotros,
cuando ocurría esto el repertorio de Kabouters
estaba ya formado en su totalidad por canciones propias.
Seguimos sin él, con una sola guitarra, y elaborando
temas cada vez más largos y más ácidos
tal vez. Y en noviembre aproximadamente grabamos unas
cuantas canciones en una maqueta que salió muy
bien y que la enviamos a algunos medios sin obtener respuesta
alguna, como suele pasar. Seguíamos tocando con
cierta frecuencia, lo cual motiva a cualquiera y en los
conciertos eyou se tiraba por los suelos y hacía
el cabra como de costumbre y creo que cada vez sonábamos
mejor. En verano Barri se largó a Londres si mal
no recuerdo, ocupando su lugar Arantza, que no sabía
tocar mucho pero que se aprendió los temas y pudo
tocar en un par de bolos con nosotros. Y aunque íbamos
mejorando, ni que decir tiene que entre nosotros las diferencias
iban creciendo. Yo quería otra cosa, empezaba a
cansarme de tanto experimento e improvisación eterna,
de excesos sonoros que se alejaban cada vez más
de mi estilo favorito, encandilado como yo estaba por
las pildorillas pop sencillas y directas que tanto me
siguen gustando, por lo que casi maniáticamente
me oponía a Eyou, pues él estaba abierto
a la música electrónica y otros estilos
que no me atraían nada. También hubo un
problemático concierto en Lejona que resultó
caótico y desagradable, ya que nos atrevimos a
tocar un repertorio ensayado en tan solo una semana con
las más raras canciones que teníamos e improvisando
sobre algunas melodías muy poco elaboradas. El
resultado fue un público que no podía entender
lo que llegaba a sus oídos, que es lo que habitualmente
sucedía debido a nuestro habitual estilo tan psicodélico,
pero este bolo fue tan terrible que me dieron ganas de
dejar el grupo. Tras varias trifulcas y discusiones con
Eyou, volvimos a los ensayos, a nuestra habitual lista
de canciones pasadas de roca, temas de cinco minutos o
más, pero cada vez más trabajados y originales.
Tocamos en el salón de actos de la facultad de
magisterio de Bilbao ante mucha gente y todo fue de maravilla,
hasta nos aplaudían, como si se tratara de un grupo
diferente al de la actuación anterior en Lejona...
en fin. Y como yo era, y quizás siga siendo, un
poco cabezota dije a Eyou, al grupo, que mi participación
en Kabouters se acababa, que podían buscarse otro
guitarrista. Me sorprendió y hasta diría
que me indigno la manera tan simple de tomarse el grupo
del resto de los miembros, que parecía importarles
muy poco la continuidad de la banda, por lo tanto aceptaron
mi marcha y Kabouters se acabó. Eyou sabía
que la cosa se agotaba además él tenía
miles de cosas en la cabeza, otros planes a los que agarrarse.
Barri también tenía a su banda de siempre,
Rosa Rosae, así que no pareció importarles
demasiado. Eso sí, se planeó dar un último
concierto a modo de despedida y dejar grabadas todas nuestras
composiciones, para tener algo que mostrar, un legado,
para poder decir: hasta aquí llegó la cosa,
este ha sido el sonido logrado tras un año de existencia.
El
concierto final se realizó en el Mellid, de nuevo
este bar pues era un local amigo en el que podías
tocar sin problemas. Muy pocas personas nos vieron y salió
bastante bien, pero sigo pensando que muchos de los que
nos veían no entendían nuestra música,
falta de costumbre, otros gustos... casi podría
asegurar que fuimos uno de los más originales grupos
surgidos en esta zona. Después llegó el
reto de grabar en dos o tres días todo el repertorio
de kabouters en nuestro local de ensayo y todo a la vez,
en directo y sin trucos. La grabación nos la hizo
Ana, chica con experiencia en temas de sonido y demás,
todo en un ocho pistas y con más medios de los
que habitualmente disponíamos en el local. En esta
grabación añadimos un theremin! increíble
artefacto digno de oír que un chico llamado Pablo
"tocó" en algunas partes. Las cintas
se las llevó Ana esperando poder hacer pronto las
mezclas de las pistas pero esto no ocurrió y no
pudimos acceder a esa grabación. Por lo tanto hoy
en día que ninguno de nosotros a tenido la posibilidad
de oír esa dichosa grabación! Impotencia?
creo que sí. Fin de Ind. Kabouters.
Yo
seguía pasando por el local y en esos momentos
(finales del 98) comencé a componer y grabar las
primeras canciones de lo que más tarde llamarían
Manikies. Esporádicamente me seguía encontrando
con Eyou, que estaba metido de lleno en el Taller de Teatro
Imaginario, actuando bastante y a la vez componiendo canciones
con su particular estilo, incluso llegó a ser finalista
en un concurso de cantautores de Bilbao. Sus poemas rebosaban
surrealismo e imaginación. Colaboramos junto en
alguna ocasión, como en el tema "Plastilina",
partiendo de una melodía que grabé con el
casiotone y al que Eyou añadió uno de sus
locos textos. En fin, cada uno a lo nuestro y con una
buena relación de amistad, así iba pasando
el tiempo... Seguí de lleno con mis canciones y
mi proyecto solitario Manikies, grabando algunas maquetas.
El
15 de diciembre del 99 muere Eyou en accidente de moto.
Venía de ensayar una de sus obras y... bueno, fue
muy duro, muy duro para mí, para el resto de sus
allegados como te puedes imaginar. Tenía 22 años,
una edad que nunca nos rebeló, no se porqué,
ni siquiera pensábamos que era tan joven al lado
nuestro, pues por aquellas casi todos ya teníamos
26 ó 27 años. Y claro está que recuerdo
los momentos, que recuerdos sus palabras para mí
tan valiosas, de una persona alegre y dispuesta a darlo
todo por sus ideales, tan sumamente creativa, sorprendente
siempre. Antes de su trágica muerte ya le había
dedicado yo una sencilla canción, fácil
y directa, titulada Vives en una nube que en su
primera y original versión grabada participaron
Lorena y el propio Eyou, cantándola los tres con
ganas e ilusión que requiere y evoca semejante
letra, como te digo, totalmente inspirada en él,
ese soñador, marciano inolvidable.
Por
eso me refería al comenzar esto, que siento cierta
rabia ya que esto, esta cosa, esta música alocada
que hicimos Kabouters llegó a poquísimas
personas y hoy en día tan solo nosotros, los que
lo protagonizamos en sus momento nos acordamos de ello,
y además esa grabación con todas nuestras
canciones que ni nosotros la hemos podido oír después
de tanto tiempo. Eyou tenía al final las cintas
de los master y no sabemos ahora mismo quien las puede
tener!! Sería maravilloso poder recuperarlas, hacer
una buena mezcla y poder mostrarla a todos. Para que lo
sepan muchos, que Kabouters fueron uno de los mejores
grupos de aquí, que no se quede tan solo en un
borroso recuerdo sin más... y por supuesto, sirviendo
de claro homenaje a Eyou, un amigo al que no olvidaré.
Lupo
Sol 
|