Ficha
técnica:
Rosemary's
baby, USA, 1968. Duración: 137 min. Dirección:
Roman Polanski. Producción: Paramount/ William
Castle Enterprises. Producción ejecutiva: William
Castle. Guión: Roman Polanski según la novela
de Ira Levin. Fotografía: William Fraker. Montaje:
Sam O'Steen y Bob Wyman. Música: Christopher
Komeda. Intérpretes: Mia Farrow (Rosemary
Woodhouse), John Cassavettes (Guy Woodhouse),
Ruth Gordon (Minnie Castevet), Sidney Blackner
(Roman Castevet), Maurice Evans (Hutch),
Ralph Bellamy (Dr. Sapirstein), Patsy Kelly (Laura-Louise),
Elisha Cook (Mr. Nicklas), Emmaline Henry (Elise
Dunstan), Charles Grodin (Dr. Hill)
Argumento:
Guy
y Rosemary son una pareja de recién casados que, a pesar
de la mala fama de la casa, se traslada a vivir a un
apartamento en la casa Bramford, uno de los más antiguos
edificios de Nueva York. Al poco tiempo de llegar, Rosemary
se hace amiga de Terry, una de las vecinas del edificio,
que se suicida poco después. A pesar del recelo de Rosemary,
Guy, actor en paro, se hace amigo de una pareja de más
edad que vive también en el edificio; desde entonces
las cosas empiezan a irle mucho mejor y propone a Rosemary
tener un hijo. Esa noche ella tiene una pesadilla en
la que se ve a sí misma violada por un monstruo; a la
mañana siguiente se despierta con el cuerpo lleno de
arañazos. Poco tiempo después, descubre que está embarazada.
El
rodaje:
El éxito, especialmente en los ambientes cinéfilos,
de las películas europeas del reciente ganador del Oscar
Roman Polanski hace que a mediados de los sesenta
el director polaco reciba la llamada de Hollywood. El
material que le proponen es una novela del autor de
best-sellers Ira Levin (Los niños del Brasil,
Sliver) en la que Polanski ve un material
jugoso y cercano a la temática de sus films europeos.
Levin se había basado para escribir esta novela
sobre una casa maldita en el tristemente famoso edificio
neoyorquino Dakota; a la lista de acontecimientos siniestros
que ya habían tenido lugar en él cuando se escribieron
el libro y el guión de la película, se añadiría unos
años después el asesinato de John Lennon.
Se
propuso a Robert Redford y a Jane Fonda
para los papeles principales; al final fue escogida
Mia Farrow, una por entonces joven promesa hija
de Maureen O'Sullivan, esposa de Frank Sinatra
y estrella de la serie de TV Peyton Place. Curiosamente,
el papel del marido lo llevó a cabo el excelente director
John Cassavettes, uno de los padres del cine
independiente americano, en el que seguramente es el
personaje más recordado de su trayectoria como actor.
En cuanto al productor de la película, William Castle,
es todo un viejo conocido para los amantes del fantástico,
uno de los reyes de la serie B de los años 50.
La
película fue un enorme éxito de taquilla, tal vez porque
ya desde el principio generó una gran expectación; Mia
Farrow fue la más beneficiada a corto plazo por
el éxito de la película, que la convirtió en una de
las estrellas del Hollywood de los años siguientes;
Cassavettes estaba más interesado en encontrar
financiación para sus películas como director y Polanski
no aprovechó el taquillazo del film para seguir trabajando
en los grandes estudios: seguramente no tendría ganas
de seguir en California tras el asesinato de su esposa,
Sharon Tate, y solamente volvería varios años
más tarde para hacer Chinatown.
Importancia
de La semilla del diablo:
Lo que hace que La semilla del diablo sea un
título clave en la historia del cine de terror es seguramente
que se trata de uno de los pocos casos afortunados de
perfecta adaptación del universo de un autor europeo
a los esquemas comerciales de un género (el terror en
este caso). Rosemary's baby es una pieza muy
coherente en la filmografía polanskiana. A pesar de
las evidentes e inevitables diferencias formales entre
las propuestas vanguardistas de los films europeos y
una producción hollywoodiense, el esquema de la película
es muy semejante al de Repulsión (Repulsion,
1965), un asfixiante estudio sobre la locura que, siguiendo
un poco la estela de Psicosis de Hitchcock
(Psycho, 1960), fue un título clave en la modernización
y psicologización del género en los años 60, ampliando
el horizonte del terror fuera de los monstruos literarios
y los parajes exóticos y lejanos y acercándolo a la
cotidianeidad.
Al
tratarse de un título comercial, Rosemary's baby,
en lugar del minimalismo de Repulsión, se arropa
más en la tradición del género: como en los clásicos
de la Universal, volvemos a tener un escenario gótico
y un monstruo mítico con una secta de adeptos, pero
con unas diferencias fundamentales que reflejan toda
una evolución en la historia del terror. La acción se
desarrolla en la Nueva York contemporánea, el escenario
gótico es un simple edificio de viviendas, el monstruo
no es Drácula ni Frankenstein sino el
mucho más abstracto Diablo y, sobre todo, los seguidores
fanáticos son una encantadora y respetable comunidad
de vecinos (es toda una ironía, y también una lástima,
que el propio Polanski treinta años después acabara
cayendo en los topicazos de la secta satánica vestida
con túnicas y máscaras en un castillo europeo en la
bastante lamentable La novena puerta -The
ninth gate, 1999.).
La
película, como es típico en su director, prefiere basarse
en la ambigüedad, en hechos cotidianos y escenarios
apacibles que se van tornando poco a poco monstruosos
y claustrofóbicos, manteniendo siempre un cierto distanciamiento
de la cámara y del espectador ante los hechos; esta
falta de identificación total del público con la protagonista,
típica aportación del cine europeo, sostiene hasta el
final del film el suspense y la posibilidad de una doble
lectura: ¿estamos ante un relato de ritos diabólicos
o sólo ante la pesadilla de una chica embarazada que
se está volviendo neurótica? De ahí lo especialmente
nefasto del título español de la película, que destroza
en gran parte esa ambigüedad.
La
mezcla de clasicismo (historia diabólica, emplazamiento
gótico) y modernismo (planteamiento irónico y distanciador
del propio director sobre los mecanismos narrativos
de la película) que reúne el film es la clave
de la predilección que, desde su estreno, han sentido
por él todo tipo de espectadores, cinéfilos o no, y
adeptos o no al género de terror. La carrera de su director
quedó marcada por este film (por otra parte, una de
sus mejores obras), hasta el punto de haberle creado
una cierta reputación de cineasta vinculado al género
de terror y experto en temas diabólicos, cuando en realidad
Polanski no cree en Dios, y por lo tanto tampoco
en el Demonio, y no volvería a tratar este asunto después,
con la excepción de La novena puerta.