número quince | junio 2003 | web 6/19 AnteriorPortadaSiguiente

 

La semilla del diablo

Ficha técnica:
Rosemary's baby, USA, 1968. Duración: 137 min. Dirección: Roman Polanski. Producción: Paramount/ William Castle Enterprises. Producción ejecutiva: William Castle. Guión: Roman Polanski según la novela de Ira Levin. Fotografía: William Fraker. Montaje: Sam O'Steen y Bob Wyman. Música: Christopher Komeda. Intérpretes: Mia Farrow (Rosemary Woodhouse), John Cassavettes (Guy Woodhouse), Ruth Gordon (Minnie Castevet), Sidney Blackner (Roman Castevet), Maurice Evans (Hutch), Ralph Bellamy (Dr. Sapirstein), Patsy Kelly (Laura-Louise), Elisha Cook (Mr. Nicklas), Emmaline Henry (Elise Dunstan), Charles Grodin (Dr. Hill)

Argumento:
Guy y Rosemary son una pareja de recién casados que, a pesar de la mala fama de la casa, se traslada a vivir a un apartamento en la casa Bramford, uno de los más antiguos edificios de Nueva York. Al poco tiempo de llegar, Rosemary se hace amiga de Terry, una de las vecinas del edificio, que se suicida poco después. A pesar del recelo de Rosemary, Guy, actor en paro, se hace amigo de una pareja de más edad que vive también en el edificio; desde entonces las cosas empiezan a irle mucho mejor y propone a Rosemary tener un hijo. Esa noche ella tiene una pesadilla en la que se ve a sí misma violada por un monstruo; a la mañana siguiente se despierta con el cuerpo lleno de arañazos. Poco tiempo después, descubre que está embarazada.

El rodaje:
El éxito, especialmente en los ambientes cinéfilos, de las películas europeas del reciente ganador del Oscar Roman Polanski hace que a mediados de los sesenta el director polaco reciba la llamada de Hollywood. El material que le proponen es una novela del autor de best-sellers Ira Levin (Los niños del Brasil, Sliver) en la que Polanski ve un material jugoso y cercano a la temática de sus films europeos. Levin se había basado para escribir esta novela sobre una casa maldita en el tristemente famoso edificio neoyorquino Dakota; a la lista de acontecimientos siniestros que ya habían tenido lugar en él cuando se escribieron el libro y el guión de la película, se añadiría unos años después el asesinato de John Lennon.

Se propuso a Robert Redford y a Jane Fonda para los papeles principales; al final fue escogida Mia Farrow, una por entonces joven promesa hija de Maureen O'Sullivan, esposa de Frank Sinatra y estrella de la serie de TV Peyton Place. Curiosamente, el papel del marido lo llevó a cabo el excelente director John Cassavettes, uno de los padres del cine independiente americano, en el que seguramente es el personaje más recordado de su trayectoria como actor. En cuanto al productor de la película, William Castle, es todo un viejo conocido para los amantes del fantástico, uno de los reyes de la serie B de los años 50.

La película fue un enorme éxito de taquilla, tal vez porque ya desde el principio generó una gran expectación; Mia Farrow fue la más beneficiada a corto plazo por el éxito de la película, que la convirtió en una de las estrellas del Hollywood de los años siguientes; Cassavettes estaba más interesado en encontrar financiación para sus películas como director y Polanski no aprovechó el taquillazo del film para seguir trabajando en los grandes estudios: seguramente no tendría ganas de seguir en California tras el asesinato de su esposa, Sharon Tate, y solamente volvería varios años más tarde para hacer Chinatown.

Importancia de La semilla del diablo:
Lo que hace que La semilla del diablo sea un título clave en la historia del cine de terror es seguramente que se trata de uno de los pocos casos afortunados de perfecta adaptación del universo de un autor europeo a los esquemas comerciales de un género (el terror en este caso). Rosemary's baby es una pieza muy coherente en la filmografía polanskiana. A pesar de las evidentes e inevitables diferencias formales entre las propuestas vanguardistas de los films europeos y una producción hollywoodiense, el esquema de la película es muy semejante al de Repulsión (Repulsion, 1965), un asfixiante estudio sobre la locura que, siguiendo un poco la estela de Psicosis de Hitchcock (Psycho, 1960), fue un título clave en la modernización y psicologización del género en los años 60, ampliando el horizonte del terror fuera de los monstruos literarios y los parajes exóticos y lejanos y acercándolo a la cotidianeidad.

Al tratarse de un título comercial, Rosemary's baby, en lugar del minimalismo de Repulsión, se arropa más en la tradición del género: como en los clásicos de la Universal, volvemos a tener un escenario gótico y un monstruo mítico con una secta de adeptos, pero con unas diferencias fundamentales que reflejan toda una evolución en la historia del terror. La acción se desarrolla en la Nueva York contemporánea, el escenario gótico es un simple edificio de viviendas, el monstruo no es Drácula ni Frankenstein sino el mucho más abstracto Diablo y, sobre todo, los seguidores fanáticos son una encantadora y respetable comunidad de vecinos (es toda una ironía, y también una lástima, que el propio Polanski treinta años después acabara cayendo en los topicazos de la secta satánica vestida con túnicas y máscaras en un castillo europeo en la bastante lamentable La novena puerta -The ninth gate, 1999.).

La película, como es típico en su director, prefiere basarse en la ambigüedad, en hechos cotidianos y escenarios apacibles que se van tornando poco a poco monstruosos y claustrofóbicos, manteniendo siempre un cierto distanciamiento de la cámara y del espectador ante los hechos; esta falta de identificación total del público con la protagonista, típica aportación del cine europeo, sostiene hasta el final del film el suspense y la posibilidad de una doble lectura: ¿estamos ante un relato de ritos diabólicos o sólo ante la pesadilla de una chica embarazada que se está volviendo neurótica? De ahí lo especialmente nefasto del título español de la película, que destroza en gran parte esa ambigüedad.

La mezcla de clasicismo (historia diabólica, emplazamiento gótico) y modernismo (planteamiento irónico y distanciador del propio director sobre los mecanismos narrativos de la película) que reúne el film es la clave de la predilección que, desde su estreno, han sentido por él todo tipo de espectadores, cinéfilos o no, y adeptos o no al género de terror. La carrera de su director quedó marcada por este film (por otra parte, una de sus mejores obras), hasta el punto de haberle creado una cierta reputación de cineasta vinculado al género de terror y experto en temas diabólicos, cuando en realidad Polanski no cree en Dios, y por lo tanto tampoco en el Demonio, y no volvería a tratar este asunto después, con la excepción de La novena puerta.

José Antonio López Ficha autor


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