No esperaba verte caer, no, a ti no; no creía que fuera
el momento, pero siento como las sombras de las lápidas
serpentean en tu indiferencia, en tu foso. Como dibujan
la oscuridad ante el profundo y solo tú profundo socavón.
Cada vez que pienso en ti veo en mi mente tu interminable
caída hacia el vacío, en ese agujero negro que te sentirá
desaparecer. No puedo permanecer así más tiempo, impasible
ante tu fallecimiento. La sombra del ciprés dibuja tu
silueta en la fría hierba de ese lugar que llaman cementerio,
antes incluso de que la tierra comience a resquebrajarse
para hacerte un hueco, para introducirte en su absurdo
interior y, absorber así, sorbo a sorbo, tus últimas
ráfagas de vida, hasta tu eterno y último aliento. Te
desvaneces, noto como comienzas a perder nitidez; empiezas
a estar más que borroso, confuso en la realidad. Tu
alma rompe las fronteras de la piel liberándose al fin.
¡¡¡¡Soltándose de ti, despojo humano!!!! ¡ ¡¡¡¡Bichejo
retorcido!!!! Baja hasta las tinieblas, sí, al fin encuentra
su lugar. Es la oscuridad eterna, el divino mundo de
las sombras de donde pertenece. Pero tú debes de ir
con ella, no la dejes irse sola; eres tú el que merece
llegar a tan prestigioso suburbio, no te lo puedes perder.
Allí la existencia es eternamente mejor, más placentera,
es un elixir de sufrimiento que recorre tu interior,
azotándote desde dentro para que sientas así su increíble
fuerza. Su despiadado poder te maneja, te ordena, llegará
incluso a anularte por completo pero eso no importa,
tu aún sigues sintiendo el placer de tus absurdos actos,
¿no es así? Te conviertes en su absoluto esclavo pero
parece merecer la pena por ese instante de alivio, de
puro e inexplicable gusto. Poco a poco, y cada día mas
deprisa cavas tu propio fin, tu camino descendiente
hacia la nada. A tu alrededor, la compañía es desoladora,
todos formáis una tela de araña infinitamente inmensa
que se introduce instante a instante en el tenebroso
pozo, en el tenebroso fin. Sé que mis palabras resuenan
como ecos sordos en tu conciencia, que no me escuchas;
pero si solamente pudieses imaginar una insignificante
parte de lo que me duele verte así... No se cómo puedo
librarte de este mal y fatídico castigo, pero si ni
siquiera tu quieres deshacerte de él; lo utilizas como
tu flotador, tu única válvula de escape pero te está
destrozando. Tu rostro cadavérico habla por sí mismo,
y tu indiferencia ante la desgracia aferrada a tu gente
gracias a tu egoísta actitud, te mantiene increíblemente
impasible. Cada vez te siento un poco más lejos, si
cabe. Hace tiempo qué no se quién eres, ella te ha cambiado
y ya estas a punto de desvanecerte frente a la inmensidad.
Ha llegado tu hora, tu maldita hora; ¡vete! ¡Aléjate
ya! ¡Desaparece en ese angosto y sombrío camino!