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Mi
cuerpo ha cambiado. Lo noto ante la piel que amo, pero
también ante los alimentos cuya presencia antes me repugnaba
y ahora acepto y tolero. Estas innovaciones no tendrían
mayor importancia si no fuera porque la mujer que amo
es mestiza, fuma y gusta de las especias fuertes y del
picante. Fue su sangre y un injerto de su piel lo que
me devolvió la vida tras un accidente. Sus recuerdos gastronómicos
han pasado a mi gusto, su memoria de piel incrementa mis
excitaciones. No descarto que mañana descubra mi afición
por las películas de Woody Allen que nunca veo o por el
cuplé que nunca escucho.
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ene. 02 /5:45 p.m.
Curro

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