| número
doce
| mayo 2002 | web
15/29 |
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Quizá,
me faltaba. Era tanto el deseo; había ansiado establecerme.
Y sé, que, por esas fronteras, sin dispendio, ni
olvido; he de ocupar mi querido ser. Aun, a pesar, del tiempo,
esta es la distancia; lo sigue en el amparo de una duda.
Como si, eterna deuda, me pudiera equipar, de palabras,
no de menciones segadas, por hombres bravos. Es ella, luna
de mis quimeras, quien me espera al despertar. Consecuente,
conmigo, he de nombrar, en la segunda senda, a aquellos
de los que expliqué. Estas son, sondadas caricias,
las peticiones de baile, en una espuma de mar. si el baño
es necesario, también lo es, el pasajero de sus destinos
sugerentes, donde, retados de antaño, hacen que sea
trasgo
Teobaldo
González 
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