Aunque para muchos pueda parecer igual, hay una notable diferencia entre el P2P y los servidores de descarga directa. Tanto como que van dirigidos a dos tipos diferentes de consumidores de cultura. Esta sutil diferencia, que ahora explicaré y diseccionaré, es el mejor ejemplo para explicar porqué la industria cultural necesita una urgente adaptación de su modelo de negocio.

¿Qué son y cómo funcionan?
El P2P es un protocolo que permite el intercambio entre “dos iguales”, es decir un usuario comparte un contenido y un segundo coge una copia de ese archivo. Este tipo de intercambio, sin ánimo de lucro por ninguna de las partes que intervienen, habilita la posibilidad de copiar materiales de usuarios diversos, con diversas maneras de clasificar, organizar y digitalizar esa información con lo que el resultado algunas veces es bastante penoso: discos incompletos, sin títulos, sin cubiertas, con un bitraje bajo. Así mismo la búsqueda de material se va complicando inversamente proporcional a su popularidad. Horas de descarga para completar un material que a veces no es lo que buscas sino una porno, o una peli cortada o que se ve mal. Todas estas pequeñas miserias llevaron a la difusión de un nueva forma de bajar material cultural: la descarga directa.
La descarga directa consiste en utilizar el protocolo http para descargar a altas velocidades archivos que se encuentran en servidores de empresas, que bien de modo gratuito (generalmente con limitaciones, excepto en Mediafire) o mediante una suscripción (generalmente sin límites de descarga, velocidad ni simultaneidad) permiten la descarga del archivo. Los enlaces para las descargas se encuentran en foros, blog especializados o en el cualquier buscador añadiendo a la búsqueda el nombre del servicio de descarga. La suscripción a los servicios de descarga (los más populares son Rapidshare y Megaupload) se consigue pagando a esos servidores a través de Paypal o tarjeta de crédito.
El uso de estos servicios se ha disparado en los últimos años por su rapidez, calidad y por el gran catálogo de contenidos disponibles, que son subidos por otros particulares que luego colocan los enlaces en los foros o en los blogs. Generalmente estos subidores suelen utilizar nicks e intentan que el suyo sea sinónimo de calidad y obtener una recompensa que será en forma de agradecimiento y reconocimiento por parte de los bajadores. El beneficio económico lo obtiene el servicio de descarga y algunos de los foros donde se colocan los enlaces (gracias a la publicidad que aparece en las páginas). Generalmente los blog no incluyen publicidad propia y como están realizados en general por una única persona, estos no perciben ningún beneficio económico de esta actividad.
Existen programas como JDownloader para automatizar la descarga y el descomprimido de los paquetes que completan los archivos (generalmente en archivos grandes, estos se trocean en bloques de 100 mb como máximo).
El choque de dos concepciones del mundo
No hay que ser muy lumbreras para darse cuenta que estos servidores de descarga, y los foros y blogs, están cubriendo la demanda que los consumidores tienen y que la ceguera de la industria del entretenimiento se niegan a ver.
Los usuarios reclamamos un servicio de calidad, rápido y que permita la descarga de material sin límite. Una suscripción que posibilite descargar de diferentes catálogos de compañías. Claro que para que esto sea posible habría que poner de acuerdo a casi toda la industria del entretenimiento en un pacto mundial lo que hoy en día es más que imposible.
Los consumidores tampoco entienden por qué no pueden ver un estreno el mismo día que se realiza o que vayan a una tienda y le digan que tal libro o tal película están agotadas o descatalogadas. La industria no esta en condiciones para perder estos clientes, ni los que no entienden por qué tienen que esperar a las 22:30 para ver una serie si cuando pueden verla es a otra hora. O por qué si se entretienen, trabajan y se relacionan a través de sus ordenadores, tengan que salir a comprar un DVD a una tienda para luego ir a verlo a sus PC o su central media.
Son dos concepciones tan dispares, tan alejadas una de los intereses de la otra que chocan frontalmente.
Otro dilema viene por el concepto de que en internet nadie quiere pagar, pero la demostración de que no es cierto es tan clara como el boom de estos servicios. ¿Hay opciones para quien quiere pagar? Me refiero a opciones reales que no suenen a timo. Descargar de itunes un álbum cuesta un euro por tema, si el disco tiene 12 canciones el CD te sale por 12 euros que es prácticamente lo que te vale en una tienda con su portada, libreto, etc…
La gente puede pagar por algo que consideren útil y que tenga un precio justo. Estoy un poco cansado de ver libros digitales a 6 ó 7 euros frente a los 12 ó 15 de la versión en papel ¿Qué cuesta la distribución, los porcentajes de venta a las tiendas, la impresión…? ¿Sólo hay una diferencia de 6 euros entre hacer todo eso y colgar un archivo en tu propia tienda digital?
Una suscripción a los servicios de descargas cuesta menos de 60 euros al año. ¿Qué precio podría ofrecer ese consorcio? ¿Serían esos archivos realmente abiertos o incorporarían DRMs que al final solo acaban molestando a los que pagan (ya que quien no paga lo baja sin él)?
Ya va siendo hora que en vez de buscar soluciones legislativas, como la disposición Sinde, se busquen soluciones reales al problema de desactualización de un modelo de negocio caduco.


Mon Magán
Lunes, 5 abril 2010
URL corta:



Intenso y apasionante el día que hemos vivido 

